El protagonista fue el concejal Juan Cerezuela, referente de La Libertad Avanza, quien lanzó una frase de extrema violencia —“te voy a patear/arrancar la cabeza”— en medio de una discusión dentro del recinto, desatando un clima de tensión que encendió todas las alarmas.
Lejos del cruce de ideas, del discurso encendido o del uso de metáforas propias del debate parlamentario, la situación escaló a un nivel que rozó la invitación a la pelea física, incluso fuera del recinto, en el estacionamiento del HCD. Un hecho pocas veces visto en democracia y que, según testigos, podría haber convocado más público que una velada de boxeo un sábado por la noche.
Todo se desencadenó cuando Cerezuela hacía uso de la palabra y fue interrumpido. La reacción del edil libertario fue inmediata y desmedida: con un tono más cercano al ring que al debate legislativo, lanzó una amenaza directa que generó estupor entre los presentes. La escena obligó a la intervención de concejalas y dirigentes que, con su presencia y llamados a la calma, lograron bajar los decibeles y evitar que el episodio pasara a mayores.
La gravedad del hecho no pasó inadvertida. “En años de democracia nunca vi algo así”, expresó una dirigente experimentada que presenció la situación, reflejando el impacto que produjo el exabrupto en el recinto.
El episodio reaviva la preocupación por el comportamiento de Cerezuela, cuya trayectoria reciente ya había sido señalada por Necochea Digital durante la campaña electoral, cuando se registraron reacciones de tono violento, especialmente hacia trabajadores de prensa. Aquellos antecedentes, que en su momento generaron advertencias y cuestionamientos públicos, hoy vuelven a cobrar relevancia a la luz de lo ocurrido en el Concejo.
Más allá de las diferencias políticas, el uso de amenazas y la escalada verbal violenta dentro de una institución democrática constituyen un límite que no debería cruzarse. El hecho deja una marca negativa en el funcionamiento del cuerpo legislativo y abre un interrogante serio sobre la convivencia política, el respeto institucional y el rol que deben asumir quienes representan a la ciudadanía.
Mientras el Concejo intenta retomar la normalidad, el episodio protagonizado por Cerezuela instala una preocupación que excede la coyuntura: cuando la violencia verbal reemplaza al debate, se erosiona no solo la calidad democrática, sino también la confianza de la comunidad en sus representantes.