El acto contó con una amplia presencia de autoridades del Instituto Provincial de Lotería y Casinos, gremios del sector, representantes de la Asociación de Maestros de Casino (AMS), casineros y concejales de distintos bloques, además de dirigentes del peronismo provincial. El clima fue claramente de apoyo a la continuidad del Casino y, especialmente, a la defensa de las fuentes laborales.
En ese contexto, la figura de Rivero desentonó. Su llegada no fue anunciada por protocolo y su presencia generó un evidente malestar. La situación se tensó cuando el edil increpó a un trabajador del Casino, quien respondió con firmeza y puso sobre la mesa un dato clave: las reformas votadas recientemente por el bloque que conduce Rivero en el Concejo Deliberante habrían generado incertidumbre en el proceso de subasta, al punto de sembrar dudas en al menos dos potenciales inversores interesados.
El cruce dejó en evidencia el impacto político de esas modificaciones a la ordenanza, cuestionadas por sectores del oficialismo y por los propios trabajadores, que advierten que cualquier señal de inestabilidad puede afectar el futuro del Casino y el proceso licitatorio previsto para febrero.
El episodio terminó de incomodar a Rivero cuando intervino un referente del sector de casineros de Mar del Plata, quien marcó una postura clara y dio por cerrado el intercambio. Lejos del protagonismo buscado, el concejal optó por bajar el tono y retirarse visiblemente incómodo.
Así, mientras la ruleta giraba y el intendente celebraba el acierto del Colorado 21, la escena política dejó una lectura contundente: en una noche de respaldo institucional y apoyo a los trabajadores, Rivero intentó mostrarse duro, pero terminó quedando en ridículo, con el peso de unas decisiones políticas que hoy generan ruido y dudas en torno a la subasta del Casino.