Este lunes, en una entrevista brindada al programa “Punto de vista” por Ecos Radio, Cerezuela ensayó lo que definió como una “semi disculpa”, aunque lejos de apaciguar la situación, redobló la apuesta: no solo relativizó el episodio de violencia verbal, sino que además trató de “vago” a Sánchez y lo mandó a trabajar.
El edil de La Libertad Avanza calificó el episodio como un “exabrupto” y sostuvo que no puede analizarse de manera aislada. “A veces sacamos una foto y no vemos toda la película”, argumentó, intentando justificar su reacción a partir de supuestos hechos previos. Aseguró que pidió disculpas “en el lugar que correspondía” y dio el tema por cerrado, aunque sus propias declaraciones posteriores parecieron ir en sentido contrario.
“Desde ese día que estuvo en la comisión, no volvió nunca más”, lanzó Cerezuela, en una frase que sonó más a pase de factura que a gesto conciliador. Acto seguido, marcó diferencias con su par al remarcar: “Yo voy todos los días al Concejo”, dejando implícita una acusación directa sobre el compromiso laboral de Sánchez.
Las declaraciones no pasaron inadvertidas, sobre todo teniendo en cuenta el antecedente inmediato: el episodio ocurrido días atrás en el recinto, cuando Cerezuela, visiblemente alterado, profirió amenazas explícitas en medio de una sesión, generando un clima de extrema tensión y obligando a la intervención de otros concejales para evitar que el conflicto escalara a una confrontación física.
Aquella escena, inédita para muchos en el ámbito legislativo local, encendió señales de alarma por el nivel de violencia verbal exhibido dentro de una institución democrática. Incluso dirigentes con años de trayectoria admitieron no haber presenciado nunca algo similar.
Lejos de ofrecer una disculpa clara y contundente, la reciente intervención radial del concejal libertario reavivó la polémica y volvió a poner el foco en su conducta. Primero la amenaza, luego la ironía, y finalmente el señalamiento personal: una secuencia que sigue sumando tensión a un Concejo Deliberante que intenta, no sin dificultad, retomar la normalidad.
Mientras tanto, el episodio deja una pregunta abierta que excede el cruce puntual: ¿hasta dónde se puede estirar el límite del exabrupto antes de que la violencia verbal termine por vaciar de sentido al debate democrático?