La información fue difundida por el gerente general de AUBASA, Pablo Ceriani, y marca una caída interanual del 7,2% en el tránsito por los corredores turísticos. En un país donde el viaje en auto particular sigue siendo la principal forma de traslado para las vacaciones, el dato vial se transforma en un indicador directo del nivel de afluencia turística.
La lectura es clara: menos autos en la ruta se traduce en menos visitantes llegando a las ciudades costeras y, en consecuencia, menor consumo. Esta baja impacta de manera directa en la ocupación hotelera, en el alquiler de viviendas y en rubros clave como la gastronomía, el comercio y los servicios vinculados al ocio.
El retroceso del tránsito no aparece como un hecho aislado. Por el contrario, coincide con los primeros balances de la temporada, que ya advertían estadías más cortas, un gasto diario más acotado y un ajuste generalizado en el presupuesto de los turistas. En algunos destinos bonaerenses, incluso, se registraron caídas de hasta el 21% en el consumo, afectando de lleno a la economía local.
La merma fue visible incluso en semanas históricamente fuertes, como los primeros días de enero, que suelen marcar el pico de la temporada. En ese contexto, el movimiento turístico resultó menor al esperado, reforzando la idea de un verano más austero.
Desde AUBASA señalaron que el dato refleja un impacto económico más amplio. La reducción del flujo vehicular no solo golpea a hoteles y balnearios, sino también a estaciones de servicio, comercios, trabajadores temporarios y pequeños emprendimientos que dependen del turismo estival.
La Costa Atlántica bonaerense, uno de los principales motores turísticos del país, enfrenta así una temporada atravesada por la retracción del consumo y la menor capacidad de las familias para sostener vacaciones prolongadas. Y esta vez, el termómetro no estuvo en la playa, sino en la ruta.