Pero entre sombrillas, reposeras y familias buscando refrescarse, una escena poco habitual llamó la atención de todos: cuatro monjas vestidas de blanco se instalaron sobre la arena y disfrutaron de la tarde frente al mar, regalando una postal tan inesperada como simpática.
La presencia de las religiosas generó sorpresa y comentarios entre los bañistas, que no tardaron en interpretar el momento con humor y ternura. “Vinieron a cuidarnos”, decían algunos, mientras otros bromeaban con que la playa contaba ese día con protección celestial incluida.
Más allá de la curiosidad, la imagen transmitió tranquilidad y se convirtió en una de las postales más comentadas de la jornada. En un domingo donde el calor apretó fuerte y la concurrencia fue masiva, las ‘enviadas de Dios’ también se sumaron al paisaje veraniego, demostrando que el descanso y la contemplación del mar no entienden de hábitos ni rutinas.
Así, entre olas, risas y temperaturas extremas, la playa regaló una escena distinta, que muchos no olvidarán: un día perfecto de verano… con custodia divina incluida.