En la madrugada de este martes, un hombre de 30 años fue atacado a piedrazos cuando ingresaba a la ciudad por la Ruta 226, a la altura de la rotonda de avenida Tarantino, en un intento de robo que podría haber terminado en tragedia.
La víctima conducía una camioneta Chevrolet S10 y regresaba desde Balcarce alrededor de la 1 de la mañana cuando un grupo de sujetos le arrojó piedras de gran tamaño con la intención de obligarlo a detener la marcha.
“Podría haber sido una tragedia si impactaban en el vidrio e ingresaban en el habitáculo”, relató el conductor, quien además aseguró que este tipo de ataques “son recurrentes” en ese sector.
Según pudo constatarse a través de las imágenes aportadas por el damnificado, uno de los proyectiles impactó de lleno contra el espejo retrovisor de la camioneta, que quedó completamente destruido, además de provocar daños en el paragolpe.
Una zona liberada
Lejos de tratarse de un hecho aislado, los ataques de los llamados “tirapiedras” ya habían sido denunciados meses atrás por otros automovilistas que transitan habitualmente por esa zona de acceso a la ciudad.
En mayo pasado, varias víctimas advirtieron públicamente que durante la noche desconocidos se apostaban en el mismo sector para arrojar piedras y elementos contundentes con el objetivo de asaltar a los conductores.
“Todas las noches sistemáticamente están arrojando piedras a los autos. Estamos pidiendo que pongan un patrullero durante la noche y no nos dan una respuesta”, había señalado en ese momento una de las personas afectadas.
Desde la Comisaría Decimosegunda, con jurisdicción en la zona, reconocieron entonces que no contaban con móviles suficientes para cubrir el lugar. “Nos dijeron que no tienen patrulleros de sobra y que es la Jefatura Departamental la que decide si deja o no un móvil”, explicó otra automovilista damnificada.
Un modelo que no da respuestas
El regreso de estos ataques vuelve a exponer la falta de políticas de prevención en una de las principales ciudades de la provincia, donde el discurso de orden y seguridad contrasta con una realidad marcada por zonas liberadas, rutas peligrosas y vecinos que circulan con miedo.
Mientras el gobierno libertario local insiste en recortes y ajustes, los hechos delictivos continúan repitiéndose sin que se implementen soluciones concretas para proteger a quienes ingresan o salen de la ciudad durante la noche.
El caso ocurrido en la Ruta 226 se suma así a una larga lista de episodios que muestran que la inseguridad en Mar del Plata no solo persiste, sino que se agrava, dejando a los automovilistas expuestos y a la ciudad bajo una creciente sensación de abandono estatal.