Uno de los factores determinantes volvió a ser el clima. Diciembre había comenzado con expectativas favorables, pero la primera quincena de enero estuvo atravesada por jornadas frescas que impactaron de lleno en la actividad de playa. Recién en la segunda mitad del mes se registró un repunte, aunque insuficiente para compensar los días de baja concurrencia.
Un rasgo distintivo de este verano fue la alta rotación de turistas, con permanencias de apenas dos o tres días. Aunque en determinados momentos se observó movimiento y niveles aceptables de ocupación, el resultado económico final no acompañó ese flujo.
En varios establecimientos se trabajó incluso con tarifas más bajas que el año pasado, a pesar del aumento de los costos operativos. El atraso salarial y la pérdida del poder adquisitivo aparecen como factores clave para explicar este comportamiento: el visitante llega, pero restringe cada gasto y prioriza consumos básicos.
En espacios como campings y complejos turísticos se repitió un patrón claro: fuerte concentración de público los fines de semana y una caída marcada de lunes a jueves. Esta dinámica dificulta sostener estructuras grandes con altos costos fijos durante períodos prolongados de baja ocupación.
Además, se observa un cambio en el perfil del visitante. Disminuyó la presencia del campamento tradicional en carpa, históricamente asociado a la clase media trabajadora, mientras creció el uso de casillas rodantes y motorhomes. El promedio de estadía se redujo drásticamente respecto de años anteriores, pasando de una semana a apenas dos días.
Las expectativas ahora están concentradas en febrero y, especialmente, en el fin de semana largo de carnaval, que ya registra un importante nivel de consultas. Se espera que ese período permita mejorar la ocupación y extender las estadías, aunque el desafío sigue siendo lograr continuidad durante la semana.
La temporada deja así un diagnóstico claro: el potencial turístico sigue vigente, como se evidencia en los picos de concurrencia de sábados y domingos, pero el consumo retraído y la brevedad de las visitas marcan un límite. El desafío será transformar esos picos en un movimiento más sostenido y económicamente viable.