La economía argentina atraviesa un proceso de achicamiento persistente que golpea de lleno al empleo y al entramado empresarial. Un reciente informe elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), a partir de estadísticas de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, revela que entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 se produjo una doble caída: menos empresas activas y menos trabajadores registrados.
Durante ese período desaparecieron 21.938 empleadores con personal en blanco, lo que equivale a un promedio de 30 cierres por día. En paralelo, se perdieron 290.600 puestos de trabajo registrados, a razón de unos 400 empleos diarios, lo que representa una retracción cercana al 3% del total.
Los datos muestran que no se trató de un impacto aislado o concentrado en pocos meses, sino de una secuencia continua. Las curvas mensuales reflejan un descenso sostenido, sin registros de recuperación o quiebres de tendencia. En números concretos, la cantidad de empleadores pasó de 512.357 a 490.419, mientras que el total de trabajadores registrados cayó de 9.857.173 a 9.566.573.
Esta dinámica revela un fenómeno estructural: no solo se reducen los puestos de trabajo dentro de las empresas que permanecen en actividad, sino que además desaparecen unidades productivas completas. El mercado laboral se contrae por ambos lados al mismo tiempo.
El informe remarca que la particularidad del proceso actual es su velocidad y persistencia. A dos años del inicio del ciclo, la contracción continúa activa y no muestra señales de estabilización. La lectura central es que la pérdida de empleo no responde únicamente a ajustes internos de las empresas, sino también al cierre definitivo de firmas, especialmente en sectores vinculados a la producción y los servicios.
Desde el CEPA aclararon que el relevamiento no introduce proyecciones ni interpretaciones políticas, sino que expone la evolución mensual consolidada de los datos oficiales. Sin embargo, la secuencia estadística pone en evidencia un deterioro que se mantiene en el tiempo y que afecta directamente a la economía real.
Con menos empresas operando y menos trabajadores ocupados, el escenario plantea un desafío de fondo para la recuperación del mercado interno y la capacidad productiva del país, en un contexto donde la contracción del empleo formal se vuelve uno de los principales indicadores de alarma social y económica.