La repetición de choques en distintos puntos de Necochea y Quequén dejó al menos seis intervenciones policiales y sanitarias entre la mañana y la tarde de dos jornadas consecutivas. Más allá de las particularidades de cada hecho, el denominador común fue el mismo: colisiones en cruces urbanos, reducción de calzada y asistencia médica a motociclistas.
Uno de los primeros siniestros se produjo en calles 519 y 524, donde una Volkswagen Amarok y una Jeep colisionaron alrededor de las 7 de la mañana. Hubo daños materiales y demoras hasta que los vehículos fueron retirados.
En Quequén, en 536 y 519, un automóvil y una motocicleta chocaron y la conductora del rodado menor resultó herida. También en 517 y 536, otra motociclista fue trasladada a la guardia del Hospital Municipal tras impactar contra un auto y caer sobre el pavimento. En este último caso se iniciaron actuaciones por lesiones culposas con intervención de la Fiscalía.
El centro volvió a ser escenario de impactos. En avenida 58 y 53 colisionaron dos vehículos particulares, uno conducido por el director de Cultura municipal. No hubo heridos, pero el tránsito se redujo hasta el retiro de las unidades. Minutos después, en 58 y 55, un Peugeot 208 y un Chevrolet protagonizaron otro choque con daños materiales y obstrucción parcial de la calzada.
La lista continuó con un siniestro entre una camioneta Chevrolet Tracker y una motocicleta Motomel Blitz en Quequén, donde el conductor del rodado menor debió ser asistido por una ambulancia. Y en avenida 79 y calle 4, una Honda XR en la que viajaban dos personas chocó contra un utilitario Citroën Berlingo; la acompañante fue trasladada al hospital con golpes en la cadera.
Las escenas se repiten: cruces urbanos, motocicletas involucradas, ambulancias, pericias y grúas. La reiteración en franjas horarias distintas y en esquinas diversas muestra que no se trata de un punto aislado sino de una conducta extendida. Falta de respeto por prioridades de paso, escasa reducción de velocidad y conducción sin previsión forman parte de un problema que se sostiene en el tiempo.
Cada choque genera demoras y moviliza recursos públicos. Lo que no cambia es la manera en que se conduce. Mientras los partes policiales se acumulan, el tránsito local vuelve a quedar bajo la misma señal de alerta.