Según se informó, el procedimiento se dio en el marco de controles sobre motos que no reúnen condiciones de transitabilidad, especialmente por escapes irregulares. El rodado fue detectado realizando maniobras peligrosas en inmediaciones de avenida 43 y 74, y luego nuevamente visualizado en la zona de calles 87 y 2. Al advertir la presencia del personal municipal, el conductor se dio a la fuga a bordo de una moto tipo enduro.
Tras una persecución, personal de Tránsito y Prevención logró interceptarlo en 71 y avenida 2, con apoyo policial. Al verificar los datos del vehículo, se constató que la moto tenía pedido de secuestro proveniente de Mar del Plata. El conductor, mayor de edad, fue aprehendido y trasladado a la Comisaría Tercera de Necochea.
El trabajo de los inspectores y de la Policía fue rápido y efectivo: actuaron ante una situación que venía generando malestar en todo un barrio, recuperaron un vehículo con pedido judicial y pusieron al infractor a disposición de la Justicia. Pero el final volvió a ser el de siempre: en cuestión de minutos, el detenido recuperó la libertad.
La decisión judicial desató la indignación de vecinos y de quienes participaron del operativo. Mientras Tránsito y la Policía arriesgan en persecuciones para frenar conductas peligrosas, la respuesta del sistema judicial termina siendo un mensaje de impunidad. El resultado es conocido: el infractor vuelve a la calle y los vecinos quedan otra vez expuestos a ruidos, picadas y riesgos evitables.
La escena se repite: controles, persecución, secuestro de una moto con pedido judicial y, finalmente, puerta giratoria. Una vez más, el esfuerzo de quienes trabajan en prevención queda desdibujado por resoluciones que no castigan ni disuaden. La pregunta que queda flotando es clara: ¿para qué se detiene a quienes ponen en peligro a todos, si a los minutos vuelven a circular como si nada hubiera pasado?