El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, definió la ofensiva como “masiva” y aseguró que busca “arrasar por completo” la capacidad de misiles y la armada iraní. “La hora de su libertad está cerca”, dijo en un mensaje dirigido al pueblo iraní, al que instó a tomar el control del país una vez finalizada la operación.
Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sostuvo que la ofensiva apunta a “eliminar la amenaza existencial” que representa la República Islámica y afirmó que la campaña militar durará “lo que haga falta”.
Las primeras explosiones se registraron en Teherán durante la madrugada. Medios iraníes reportaron impactos en zonas cercanas a las oficinas del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, así como en instalaciones militares y bases de la Guardia Revolucionaria en ciudades como Isfahán, Karaj, Kermanshah y Qom.
Según la Media Luna Roja iraní, los ataques dejaron al menos 200 muertos en las primeras horas, aunque las cifras podrían aumentar. La agencia estatal IRNA informó sobre un bombardeo contra una escuela primaria en la provincia de Hormozgan que causó decenas de víctimas, muchas de ellas niñas. También se reportaron ataques contra instalaciones deportivas y otros edificios civiles.
Fuentes estadounidenses e israelíes indicaron que la operación incluyó el despliegue de cazas F-22 y F-16, destructores, submarinos nucleares y dos grupos de portaaviones en la región, constituyendo la mayor concentración de poder militar en la zona desde la invasión de Irak en 2003.
Washington y Jerusalén justificaron el ataque bajo cuatro pilares:
Eliminar una “amenaza inminente” contra intereses estadounidenses.
Frenar el avance del programa nuclear iraní tras el colapso de las negociaciones diplomáticas.
Destruir la infraestructura de misiles y la capacidad naval iraní.
Crear condiciones para un cambio de régimen en el país gobernado por los ayatolás desde 1979.
Trump prometió la “aniquilación” del programa nuclear iraní y advirtió que las fuerzas armadas de ese país enfrentarán “muerte segura” si no se rinden.
La reacción de Teherán fue inmediata. La Guardia Revolucionaria anunció el lanzamiento de una primera oleada de misiles y drones contra Israel, activando sirenas antiaéreas en Jerusalén, Tel Aviv y Haifa. Israel declaró el estado de emergencia, cerró su espacio aéreo y suspendió actividades educativas y no esenciales.
Además, Irán atacó bases militares estadounidenses en la región, incluyendo instalaciones en Bahréin, Qatar, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos. Un portavoz militar iraní advirtió que “cualquier base que ayude a Israel será nuestro objetivo”.
Explosiones también fueron reportadas en países del Golfo, mientras varias aerolíneas internacionales —entre ellas Air France, Lufthansa, Turkish Airlines, SWISS y Air India— suspendieron vuelos hacia Oriente Medio ante el deterioro de la seguridad.
En represalia, el régimen iraní comenzó maniobras para cerrar el Estrecho de Ormuz, paso estratégico por donde circula cerca de un tercio del petróleo transportado por mar a nivel mundial. La Guardia Revolucionaria declaró que la vía es ahora “insegura”.
Un eventual bloqueo prolongado podría provocar un shock energético global y disparar el precio del crudo, con consecuencias inmediatas para la economía mundial.
La Unión Europea pidió “máxima moderación” y advirtió sobre la importancia de proteger la seguridad nuclear y evitar una escalada que socave el régimen global de no proliferación. La ONU convocó una reunión urgente del Consejo de Seguridad.
Mientras tanto, en Teherán se registraron cortes de internet, largas filas en gasolineras y compras masivas de alimentos y agua. Las autoridades iraníes llamaron a la calma y aseguraron que los suministros esenciales están garantizados, aunque suspendieron las clases hasta nuevo aviso.
La ofensiva marca el cuarto enfrentamiento directo entre Israel e Irán en los últimos dos años, pero es el primero con un objetivo declarado de derribar al régimen. Analistas advierten que el conflicto podría extenderse si milicias aliadas de Teherán, como Hezbolá, entran en combate.
La región se encuentra ahora en una encrucijada histórica. Con ataques cruzados en marcha, amenazas de escalada y el petróleo en la mira, el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán amenaza con transformar de manera profunda el equilibrio geopolítico de Oriente Próximo y sacudir al sistema internacional.