Tras la actualización aplicada por YPF, la nafta súper pasó a comercializarse a $1.788 por litro, mientras que la nafta premium se ubica en $1.934. En el caso del diésel, el gasoil común se vende a $1.924 y el Infinia Diésel, de mayor calidad, superó la barrera de los $2.000 y alcanza los $2.053 por litro.
Fuentes del sector indicaron que el gasoil registró los mayores ajustes, cercanos al 5%, mientras que las naftas aumentaron entre un 3% y un 4%, aunque los valores pueden variar según la provincia, la región y cada ciudad.
El incremento está vinculado principalmente con la suba del precio internacional del crudo, que volvió a escalar por encima de los u$s100 tras la intensificación de las tensiones en Medio Oriente. Este escenario genera presión sobre los precios internos de los combustibles, que también se ven influenciados por la cotización del dólar, el valor de los biocombustibles utilizados para la mezcla y los impuestos internos.
En este contexto, desde YPF aseguraron que buscarán evitar aumentos bruscos mediante una estrategia de “micropricing”, un sistema que permite ajustar los precios de los combustibles de manera gradual y frecuente.
El presidente de la compañía, Horacio Marín, explicó que la petrolera analiza los costos de manera permanente con el objetivo de “atenuar picos de aumento y bajas, dando mayor previsibilidad a los consumidores”.
Este mecanismo permite modificar los precios varias veces al día con ajustes pequeños —generalmente inferiores al 1%— según distintas variables del mercado, como la demanda, la competencia entre estaciones de servicio y el flujo vehicular en cada zona.
La estrategia también incluye incentivos para cargar combustible en horarios de menor demanda. Por ejemplo, YPF mantiene descuentos de hasta el 6% durante la madrugada para quienes paguen con la aplicación de la compañía y utilicen el sistema de autodespacho en las estaciones habilitadas.
Mientras tanto, el escenario internacional presenta un efecto ambivalente para la Argentina: por un lado, el alza del petróleo podría incrementar los ingresos por exportaciones energéticas, impulsadas principalmente por la producción de Vaca Muerta; pero al mismo tiempo genera mayor presión sobre los precios internos y la inflación.