“Con la tuya contribuyente”, podría decir alguna humorista sin gracia que pulula por medios a veces adictos al gobierno. Es que el discurso libertario, que se autopercibe en una cima de superioridad estética y moral inalcanzable para el resto de los mortales, acaba de chocar de frente con la realidad de un correo electrónico institucional. No es un mail cualquiera, sino uno enviado por el Consulado General Argentino en Miami, que bajo el sello del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto decidió oficiar de agente de prensa para un espectáculo privado.

La periodista Victoria de Masi, lo posteó en “X”, y calificó el hecho como “curioso”, señalando que la sede diplomática promociona la obra con link a venta de entradas incluido.
Pero el término se queda corto ante la evidencia de una gestión que, mientras pregona el fin de los privilegios y el uso sagrado de los recursos, utiliza la estructura estatal para favorecer negocios de particulares.
El correo oficial, enviado desde la cuenta [email protected] con el asunto “FÁTIMA UNIVERSAL (este sábado)”, no es una invitación a un debate académico o una muestra de cine nacional gratuita. Es, ni más ni menos que, un panfleto publicitario que invita a comprar entradas para la obra de Fátima Florez, la ex novia (amante, amiga, ¿empleada?) de Javier Milei.
La desprolijidad es absoluta. El texto oficial comienza con una frase que debería encender todas las alarmas de la ética pública: “Nuestros amigos de ARPI Group presentan”. Esta confesión de parte releva de pruebas a cualquier crítico. El Consulado no solo promociona el evento, sino que se identifica explícitamente con los intereses de una productora privada, borrando la frontera ética entre lo público y lo comercial.
El mail incluye un enlace directo a la plataforma Ticketplate, donde los precios desmienten cualquier intento de disfrazar esta acción como una supuesta promoción cultural.

Quien desee asistir al show en los ARPI Studios este sábado 14 de marzo deberá enfrentar un tarifario netamente comercial. Este uso de recursos y bases de datos estatales para un fin de lucro privado choca de bruces, en una contradicción flagrante, con el discurso oficial de “transparencia“.
Los valores publicados en el sitio vinculado por el Consulado son elocuentes. La entrada general 2 cuesta 40.32 dólares, mientras que la ubicación VIP asciende a 110 dólares. El punto máximo de esta mercantilización diplomática llega con el paquete “VIP Meet and Greet” de 198 dólares, que ofrece la “oportunidad de conocer en persona a Fátima y tomarte una foto con ella”.
Resulta un desubicado rol diplomático para una sede consular el de promocionar y vender selfies en el mercado de Florida. Mientras el discurso oficial se llena la boca hablando de “la casta” y del ajuste, el Estado parece tener recursos y tiempo de funcionarios para garantizar la taquilla de los “amigos”.
La escena final es difícil de ignorar. Quienes se presentan como purificadores del sistema terminan replicando prácticas que dicen combatir, ahora teñidas de marketing y promoción institucional.
El Consulado convertido en ticketera se vuelve así una postal incómoda para un relato político que, en su afán de superioridad moral, parece haber olvidado cerrar la cremallera de su propia coherencia.