El predio que alguna vez albergó exposiciones, encuentros y actividades que convocaban a todo el sector agropecuario y a la comunidad en general, presenta actualmente una imagen de abandono: pastos altos, instalaciones deterioradas y una alarmante ausencia de vida institucional. No hay agenda, no hay propuestas, no hay señales de la dinámica que debería caracterizar a una entidad de semejante relevancia.
En ese contexto, llama la atención —y genera malestar en distintos sectores— la postura pública de su presidente, Eugenio Cardenau. Desde su asunción en marzo de 2024, ha mantenido una línea crítica hacia el Estado municipal, particularmente en lo que respecta a tasas y políticas vinculadas al sector rural. Sus cuestionamientos a la denominada “tasa portuaria” y al destino de los recursos recaudados son conocidos y forman parte del debate público.
Pero la pregunta que surge es inevitable: ¿con qué autoridad moral se señala hacia afuera cuando puertas adentro la institución que conduce atraviesa un evidente estado de abandono?
Cardenau ha expresado que “no hay garantías” de que los fondos de nuevas tasas sean utilizados para los fines que se anuncian, marcando su desconfianza en la administración pública. Sin embargo, esa misma exigencia de eficiencia y transparencia parece no aplicarse a la conducción de la Sociedad Rural de Necochea, que hoy dista mucho de ser un modelo de gestión. ¿A donde van los fondos que recauda la entidad?.
El problema no es la crítica, que siempre es válida y necesaria, sino la falta de coherencia. Resulta difícil sostener un discurso de reclamo constante cuando no se logra mantener activa, ordenada y en condiciones una institución que debería ser ejemplo para el sector.
La Sociedad Rural no es un espacio menor. Representa a productores, trabajadores y a una parte clave de la economía regional. Su rol trasciende lo simbólico: debería ser motor de propuestas, articulación y desarrollo. Pero hoy, lejos de eso, parece haberse convertido en un predio vacío, desconectado de la realidad que dice defender.
Quedaron atrás aquellas muestras rurales que reunían a familias, productores y vecinos, fortaleciendo el vínculo entre el campo y la ciudad. Hoy, ese vínculo parece debilitado, en parte por la falta de iniciativa de quienes tienen la responsabilidad de sostenerlo.
La crítica fácil hacia el Estado pierde fuerza cuando no está acompañada por el ejemplo propio. Y en ese sentido, la conducción actual de la Sociedad Rural de Necochea tiene una deuda pendiente: recuperar el espíritu, la actividad y el compromiso que alguna vez supo tener.
Porque antes de señalar con el dedo, siempre es necesario mirar hacia adentro.