La suba se da en medio de la volatilidad del mercado global, atravesado por tensiones en Medio Oriente que empujan el valor del crudo. Sin embargo, en el plano local los aumentos no responden únicamente a esa variable: también inciden factores como el atraso relativo de precios, la carga impositiva y decisiones del Gobierno.
En términos interanuales, el aumento de los combustibles alcanzó hasta el 63,6%, muy por encima del 33,1% de inflación acumulada en el mismo período, lo que evidencia un fuerte desfasaje.
Desde YPF, su CEO Horacio Marín explicó que “la actualización de precios solo refleja el mayor costo de refinación por la compra de crudo no propio”, y aseguró que se trata de “un ajuste transitorio”. Además, sostuvo que, en comparación internacional, los incrementos locales siguen siendo de los más bajos.
Otro factor clave en la formación de precios es la carga impositiva. Los impuestos a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono tienen un peso significativo y su actualización funciona como herramienta fiscal. En ese marco, el Gobierno decidió postergar el aumento previsto para abril, buscando amortiguar el impacto en los surtidores.
No es la primera vez que se toma una medida de este tipo: la normativa establece ajustes trimestrales atados a la inflación, aunque en los últimos meses se aplicaron de manera parcial para evitar subas más bruscas.
En paralelo, el Ejecutivo autorizó elevar el corte de bioetanol en las naftas hasta un máximo del 15%, por encima del 12% vigente. Si bien no representa riesgos para los motores, podría generar un menor rendimiento, lo que implicaría un mayor consumo por parte de los usuarios.
Con este escenario, los combustibles continúan en alza y se consolidan como uno de los rubros que más presión ejerce sobre el costo de vida, en un contexto económico que sigue mostrando señales de tensión.