La embarcación, de casco de hierro y cerca de 3.000 toneladas de desplazamiento, era comandada por el capitán Gaetano Maresca. Provenía de Buenos Aires y se dirigía hacia Bahía Blanca para cargar cereal cuando, en abril de 1924, fue sorprendida por una fuerte galerna proveniente del sud-sudeste.
Durante varias horas la tripulación intentó enfrentar el temporal, que se intensificó hasta adquirir características de huracán. En un intento por escapar de las condiciones adversas, el buque se aproximó a la costa del partido de Lobería para capear la tormenta, pero cerca de las 22 horas terminó encallando en inmediaciones del actual faro de Quequén.
El temporal no solo afectó al barco: en tierra también provocó serios destrozos, dejando a la ciudad sin luz ni comunicaciones y ocasionando daños en distintas estructuras.
En un primer momento se evaluó la posibilidad de rescatar la nave, ya que las averías no parecían definitivas. Sin embargo, los intentos fracasaron y semanas después la tripulación abandonó el buque. Algunos regresaron a Europa, mientras que otros decidieron radicarse en la zona, formando familias e integrándose a la comunidad local. Entre ellos se destacó Atilio Bortoli, quien con el tiempo se convirtió en un conocido vecino de Necochea.
Finalmente, en 1925 el barco fue vendido a una empresa encargada de su desguace. Para retirar sus piezas incluso se tendieron vías hasta el lugar donde había quedado varado.
A pesar del paso del tiempo, con marea baja todavía pueden observarse restos del Monte Pasubio, como el eje y las palas de la hélice. Aquellos vestigios recuerdan un episodio que, con los años, se transformó en parte del patrimonio histórico y de la identidad de Quequén, además de dar nombre a un sector del balneario local.
Con info de: Área de Museos de Necochea