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Hoy 4 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Obesidad

Hoy es un día dedicado a pensar especialmente en la Obesidad. La humanidad la padece desde hace 370 años y hasta la actualidad no deja de aumentar.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) la define como una acumulación anormal o excesiva de grasa que es perjudicial para la salud.

La palabra obeso proviene del latín “Obesus” que significa corpulento, gordo o regordete. En la antigüedad los pobres eran flacos y pasaban hambre y la gordura era símbolo de opulencia y erotismo, por el contrario en la actualidad, el cuerpo obeso está asociado a estereotipos negativos: como pertenecer a un nivel socioeconómico bajo y sexualmente poco atractivo.

Desde la Medicina, nueve Sociedades Médicas Argentinas la definen como una Enfermedad crónica pandémica (Soc. Argentina de Diabetes, Nutrición, Obesidad, Endocrinología y Metabolismo, Cardiología, Hipertensión arterial).

La Obesidad no es solo una enfermedad médica sino que constituye un síntoma psicológico, socioeconómico, cultural y político que demanda una asistencia sanitaria multicausal.

En situaciones de salud los diferentes planos biológicos, psicológicos y socioculturales se superponen y actúan en armonía. Cuando esto no ocurre y no se visualiza, surgen los síntomas, siendo de suma importancia detectarlos en forma precoz para poder actuar y revertirlos.

El exceso de grasa corporal con el consiguiente aumento de peso va a producir físicamente limitaciones del movimiento, dolores articulares, apnea del sueño y dificultades en el dormir. También fatiga, cansancio, aumento de azúcar y de grasas en sangre. Estos y otros síntomas nos están avisando que algo no funciona bien y si no son tenidos en cuenta y revertidos se manifiestan las enfermedades con daños en los diferentes órganos y sistemas: hígado graso, insuficiencia cardíaca, diabetes y en lo afectivo depresión, alteraciones del carácter, irritabilidad, etc. los cuales muchas veces componen un diagnóstico severo. La publicidad pagada por las industrias alimenticias, farmacéuticas y cosméticas en muchos casos está lejos de considerar la salud de la población, por lo que los cuerpos son reducidos a objetos de consumo. Se impulsa a las personas a adecuarse a un modelo donde “ser feliz” está asociado al consumo de alimentos procesados, con alto valor calórico sin poco o ningún valor nutricional y a todo tipo de productos para que estos alimentos no produzcan aumento de peso y mantenerse delgados y esbeltos como sinónimo de salud, belleza, distinción y «éxito social». En este sentido observamos que el consumidor “compra” para poder pertenecer, y formar parte de una red social.

Desde esta perspectiva el cuerpo del obeso es, entre otras cosas, el síntoma del individualismo y el apoderamiento sin límites de una sociedad capitalista egocéntrica, obesa y obesogénica. En la actualidad es necesaria la aceptación de las diferencias, la diversidad y la inclusión entre los sujetos, buscando visibilizar la realidad de los cuerpos en las diferentes tallas, alturas, etc.

Siendo la salud un derecho universal establecido en la Declaración Universal de Derechos Humanos y garantizado por la Constitución Argentina ell Estado debe promoverla y protegerla con políticas públicas.

Desde el psicoanálisis no tratamos “la obesidad”, sino que escuchamos a la persona sufriente, con su historia única y singular con el objetivo de construir recursos psicológicos para que pueda hacer elecciones saludables y dar significado a su conducta en relación a la alimentación. Apuntamos a que el paciente pueda pensar, expresar, poner en palabras las emociones más íntimas y personales de su historia de vida, para que puedan estar conectadas con el cuerpo.

Pensamos que las primeras experiencias con la alimentación, no recordadas, inconscientes, están cargadas de afectos: el amor, el calor, el olor y la mirada de la madre que son las que van a sostener a la persona toda la vida. Cuando por distintos motivos estas primeras experiencias no han sido suficientemente satisfactorias, el hambre no es solo de alimento biológico sino que es también un hambre o vacío de afectos y emociones que es imposible de resolver únicamente con la provisión de comida o con indicaciones de conductas alimentarias.

Los analistas en cada encuentro con el paciente, establecemos una relación profunda, personal y particular que posibilita resignificar en un contexto de ética y respeto empático, esas primeras experiencias y emociones.Ver a la obesidad en su complejidad, teniendo en cuenta al ser humano como un ser biológico, sociocultural pero también como un individuo con una historia única y singular, contribuirá a la comprensión personal y social de la obesidad.

Dra. Miriam Rudaeff

Médica especialista en Nutrición. Psicoanalista del IUSAM (Instituto Universitario de Salud Mental) de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA)

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