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Día Internacional de la Familia: La importancia de la filiación

En 1993 la Asamblea General de Naciones Unidas acordó que cada 15 de mayo se celebre el Día Internacional de la Familia. El propósito de este día es concienciar sobre el papel fundamental que tiene la familia para el desarrollo de los futuros ciudadanos que hoy son los niños y las niñas de todo el mundo.

Abordar las cuestiones vinculadas a la familia es una tarea amplia y compleja. Hablar en el siglo XXI de la familia implica hablar de diversidad, implica hablar de familias en plural. Cada época histórica genera un tipo particular de subjetividad. Hoy coexisten diferentes modelos de familias que reflejan los cambios sociales y los efectos que la diversidad produce en todos los aspectos más íntimos de nuestra subjetividad.

Durante las últimas décadas asistimos a profundas transformaciones tanto en la esfera individual como familiar y social. Las clásicas funciones parentales, que han ido armando los eslabones de la cadena generacional durante siglos, se ejercen hoy de modos diferentes y novedosos. Los modos de ser padre, madre, hijo; incluso los modos de ser niño, adolescente y adulto son muy diferentes de los que solíamos considerar “normales” hace no tanto tiempo. Con el avance de los feminismos, el colapso del poder hegemónico heteropatriarcal y con el declive de la heterosexualidad como único modelo válido y saludable de los vínculos sexuales y amorosos que rigen en las parejas y permite formar familias, muchos paradigmas que creíamos sólidos se han tambaleado.

Pero algo no ha cambiado ya que es inherente a la condición humana. Todo bebé, toda cría humana, cuando llega al mundo necesita a una familia que lo humanice. Para que el bebé que nace pase a ser un hijo es imprescindible que se inserte en una cadena generacional y familiar. Esto se logra sólo cuando los padres ejercen sus funciones parentales, materna y paterna, de manera suficientemente buena. Estas funciones no tienen por qué estar desempeñadas por una mujer o por un hombre; pueden ejercerlas figuras significativas de la familia o de la sociedad, o incluso una sola persona, pero es fundamental que se ejerzan.

El ideal de familia tradicional como garante de salud conlleva una comprensión malentendida de los roles y funciones que todos y cada uno de ellos debe desempeñar, conlleva confundir parentesco con filiación. Una familia no la constituye una pareja estable, sino que la constituyen dos generaciones con cierta estabilidad en el ejercicio de sus funciones, con responsabilidades diferentes y relaciones asimétricas. Esto quiere decir que en la medida que haya un adulto capaz de cuidar a un niño, y un niño sea capaz de ser cuidado por un adulto, existe una familia.

Queremos enfatizar que para que exista una familia que humanice es imprescindible que se estructuren los roles de tal manera que permita que aquel que respalda sea quien se sienta responsable de la supervivencia física y emocional del hijo, que subjetive al hijo, es decir, que lo inserte en esa cadena generacional tan necesaria para el desarrollo mental del niño; que lo introduzca, como decimos los psicoanalistas, en un orden simbólico, en una cadena de filiación.

Sin embargo, no es tan sencillo pues los actuales cambios socio-culturales introducen profundas transformaciones que calan individual y familiarmente.  Las familias han reemplazado la férrea verticalidad de antaño por una horizontalidad que desdibuja las diferencias adulto–niño y el conflicto que inevitablemente confrontaba a padres e hijos. La simetrización generacional ha sustituido a la rígida jerarquía que orientó nuestra vida colectiva durante siglos. Ahora, los niños han adquirido un protagonismo impensable cuando los mandatos eran más férreos y los padres ejercían sus funciones con la solidez de sus creencias. Hoy, esas creencias ya no se sostienen, y al tambalearse, los mismos adultos se hallan sin sostén. La actual confusión entre autoridad y autoritarismo hace que cualquier intento de orden, cualquier intento de límite, sea considerado un atentado contra los niños.

Seguramente nuestros niños y adolescentes han ganado en independencia, pero han perdido en parte a los adultos que los orientaban. La pérdida del lugar adulto como referente y modelo a seguir ha dejado desprotegidos a nuestros niños y ha dejado a nuestros adolescentes sin un otro con quien confrontarse. Ha dejado huérfanos a nuestros hijos.

Hoy las familias afrontan un gran desafío. El siglo XXI parece estar convirtiéndose en el siglo de las libertades y los derechos individuales. En este sentido, tal vez el mayor reto que afrontan los miembros de una familia, lo encontramos en cómo aunar pertenencia y libertad. Un delicado y complejo equilibrio entre valores, deseos, necesidades y diferencias de cada uno de nosotros se pone en juego; y por ello, el conflicto es inevitable. Solo conjugando libertad con responsabilidad es como los hijos podrán transitar su camino en la vida y en la sociedad que les ha tocado vivir.

El paso de la pertenencia familiar a la libertad como sujetos, como ciudadanos independientes que pretenden integrarse de forma autónoma en la sociedad es un tránsito complejo. Para afrontarlo es indispensable que los padres y las madres sean capaces de ver a sus hijos no como eternos niños si no como hijos que crecen y se convierten en adultos capaces de afrontar responsablemente los retos de la vida. Mirarlos así permite que se cumplan, en definitiva, las expectativas de todos: de los padres, de los hijos y de la sociedad.

Para terminar, resaltar que el Día Internacional de la Familia es un día para recordar que comprender las particularidades de las familias en cada época es cuidar y proteger a la infancia.

Gabriel Ianni

Psicoanalista. Miembro titular de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA). Presidente de AECPNA (Madrid). Miembro de la Federación Española de Psicoterapia Psicoanalítica (FEPP). Colegiado MN-3996.

Nuria Sánchez-Grande

Psicóloga. Psicoterapeuta psicoanalítica acreditada por la Federación Española de Asociaciones de Psicoterapeutas (FEAP). Miembro de la Comisión Directiva de AECPNA (Madrid). Colegiada M-21440.

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