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Eran deplorables las condiciones en las que se encontraba el refugio de guardavidas demolido

Material fotográfico reveló el pésimo estado del obsoleto puesto ubicado en la zona sur de la Villa balnearia, que fue removido días atrás en el marco de una licitación pública que prevé la construcción de otro más moderno.

Con la firma de la Comisión Directiva de la Asociación de Guardavidas de Necochea y Quequén, en las últimas horas se dio a conocer una especie de comunicado vía Facebook que quiso reflejar las “sensaciones de tristeza, rabia, melancolía y desazón” que sintieron los trabajadores rescatistas del distrito ante la demolición del refugio ubicado en el sector sur de la Villa balnearia, a pasitos del monumento a Neptuno, que fue removido por estar ubicado dentro del predio que la Municipalidad cedió por licitación pública para la construcción de un moderno desarrollo turístico en el polígono donde antiguamente se explotaba el Club de Playa “Sunset”.

“¿Se podría haber evitado?”, deja como interrogante el posteo sobre el derribo, describiendo que el antiguo edificio cilíndrico era el “único refugio de guardavidas construido para tal fin, y único construido de hormigón de la Municipalidad”, cuestionamiento que es respondido en el mismo párrafo: “Creemos que sí. Se podría haber modificado, embellecido o reciclado”.

Lo cierto es que, más allá de los recuerdos nostálgicos de las tardes de camaradería vividas luego de una larga jornada laboral bajo el sol de algún enero, según el material fotográfico que refleja las condiciones deplorables en las que se encontraba el lugar, que de acuerdo al comunicado contaba con “comodidades para más de 20 guardavidas” y era utilizado para guardar “materiales de trabajo, sombrillas, torpedos, carreteles, sillas, bicicletas y motos”, en realidad, se asemejaba más un aguantadero que a un refugio para sobrepasar días de tormentas estivales.

Un aparato sanitario que ni el más urgido bañista hubiera pretendido usar nunca, algunos muebles improvisados y otros obsoletos, condiciones edilicias preocupantes y un ambiente muy poco prolijo y cuidado como para que un trabajador se sienta “protegido” es el patrimonio del que se desprendieron los guardavidas hace algunos días atrás, aunque se entiende que puedan llegar a extrañar la improvisada parrilla, una vieja heladera y algunos envases de cerveza que seguramente movilicen añoranzas de pasados momentos compartidos.

Como bien menciona el escrito, el “histórico” puesto llevaba en ese punto de la playa poco más de veinte años desde su construcción, ofreciendo una postal de otra época y obstruyendo la visibilidad costera. Como tantos otros que hay sobre la línea balnearia y que deberían correr el mismo destino, el obsoleto edificio era antiguo incluso para el reclamo de los propios guardavidas, en una época en la cual la instalación de eco refugios es tendencia mundial.

Seguramente sea cierto que fueron los propios trabajadores quienes “pusieron dinero de su bolsillo para la construcción del baño, mantenimiento y hasta la ampliación del mismo, como siempre lo hacen los guardavidas en todos los refugios de la playa”, más esa no es una excusa válida para dejar en pie una estructura que hasta era riesgosa para los turistas y vecinos que visitan la zona en épocas de mejor clima.

Cada año, los guardavidas discuten un aumento distinto al del resto de los municipales (en 2021 el incremento salarial fue del 50,4%), reciben flamantes herramientas de trabajo antes del inicio de las temporadas y vehículos acondicionados para que realicen su labor en las mejores condiciones, cobran adicionales por tarea riesgosa y bonificación por antigüedad similares al de los municipios top del territorio bonaerense, exigen mayor carga horaria y cobran el sueldo, con el esfuerzo de cada vecino, en meses en los que, para esta zona de la costa Atlántica, sería mejor contratar a un esquimal.

Sin discutir lo importante de su trabajo, que sin dudas es fundamental en plena temporada, quizás sería mejor que dediquen todo este esfuerzo que vuelcan en las redes sociales para seguir capacitándose, depongan en manos del Estado la exigencia al nuevo concesionario para la construcción de un refugio moderno, como está previsto por pliego, corran el sentimentalismo a un costado y dejen de buscar enemigos donde no los hay, para evitar que nadie les “demuela también las ilusiones”, como proponen.

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