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Un Papa que asume los errores y pide perdón incansablemente

  • * Por Franco Gussoni Maripan.

El papa Francisco nos ha regalado esta última semana un viaje sin precedentes. La denominó él mismo como una «peregrinación penitencial», reuniéndose cada día con cada una de las tribus indígenas de la región. Ésta peregrinación estuvo marcada por gestos de perdón, dolor, arrepentimiento, ternura y cercanía, reconociendo así los abusos cometidos en los internados y defendiendo firmemente, como en varias ocasiones desde que inició su pontificado, los derechos y la dignidad de los pueblos indígenas.

Por primera vez en la historia, el Papa le da una característica totalmente distinta a los tradicionales Viajes Apostólicos. Ha visto la necesidad de viajar directamente a Canadá, para poder asumir él mismo los horrores, cometidos por miles de cristianos a lo largo del tiempo en aquella región. Francisco aseguró con mucho dolor que: «Muchos cristianos adoptaron la mentalidad colonialista de las potencias que oprimieron a los pueblos indígenas».

Esto se da a raíz de las denuncias de ex alumnos de las escuelas residenciales estatales, administradas algunas en su momento por los Oblatos de María, entre fines el siglo XIX y la década de 1990. En estos lugares se adoptó la política estatal de asimilación y desvinculación del momento, produciendo -en palabras del Santo Padre- un verdadero «genocidio cultural».

Canadá ha sido el epicentro donde se reunió con una delegación de las tribus First Nations (“Primeras Naciones”), Métis (mestizos) e Inuit en Quebec al igual que con la primera lider indígena en ser Gobernadora General del Canadá, Mary May Simon; visitó el Santuario Nacional de Santa Ana de Beaupré -lugar de peregrinación más antiguo de América del Norte-; se encontró con algunos sobrevivientes de los internados inuit y con jóvenes y ancianos canadienses en la plaza de la escuela elemental de Iqaluit, al límite del círculo polar ártico.

Este evento ha dejado momentos cargados de emoción, en los que se ve al líder de la Iglesia Católica conmovido, avergonzado y dolido por las historias que llevaron las comunidades indígenas y ha abierto así un tiempo propicio para, cómo han querido denominarlo, «caminar juntos» y sanar heridas abiertas del pasado. Entre estos momentos se destacaron la devolución de unos mocasines que le regalaron familiares de las víctimas al Santo Padre en una visita al Vaticano, la bendición y beso al manto que contenía los nombres de todas las víctimas, la oración y el silencio en el lago Santa Ana, entre otros.

Así la Iglesia Católica, una vez más muestra la necesidad de asumir los errores del pasado, pedir perdón y luchar por construir una historia que abrace las distintas realidades, sin imponer, porque la fe bien entendida, sólo se comparte.

Franco Gussoni Maripan

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