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Masculinidades: Construcciones psicológicas y sociales. Ayer y hoy

*Isabel Mansione, Gabriela Salazar, Mirta Itlman.

La masculinidad es un concepto relacional, ya que existe solo en contraste con la feminidad. Es un conjunto de significados, siempre cambiantes, que construimos a través de nuestras relaciones con nosotros mismos, con los otros y con nuestro mundo. .(Tajer Debora 2017) .En cada cultura y clases sociales  encontramos muchas formas de ser hombre, por ej. ser macho en determinadas clases sociales es ser el cuidador, para otros estratos sociales es el que dirige, y para otros puede que sea el sujeto que es  cuidado por el grupo. Debido a que el concepto de “lo masculino”  deriva de una construcción social, su significado se modifica en consonancia con los cambios culturales, ideológicos, económicos e incluso jurídicos de cada sociedad, en una época determinada.

Hoy en día el concepto de que es ser un hombre está en rápida transición y diversidad,  lo que posibilita trascender estereotipos trazando la tendencia hacia un  mayor grado de libertad y apertura con mayor  predisposición  a la inclusión de las diferencias en tanto, roles, formas de ser  y sentir. Pero romper con la masculinidad tradicional no es sin tenciones personales, sociales e Institucionales, ya que implica un reacomodamiento emocional, conductual y de pensamiento aún con matices  de exclusión y rechazo.

Pensando en estos  cambios  y transformaciones  con diferencias generacionales, además de epocales, es importante observar el rol de las Instituciones  formadoras de identidad en este devenir de lo que es el cotidiano social, cultural, singular. 

¿Podríamos resaltar los matices y hablar de las nuevas construcciones psicológicas y sociales de mayor frecuencia? ¿Cabe preguntarnos acerca del rol de padres y su construcción epocal en nuestras sociedades latinoamericanas? ¿Cuánto incide la existencia de cada vez más hombres involucrados en la crianza y en el cuidado de la infancia, a la par de la negativa de las mujeres jóvenes por ser madres?

El tradicional machismo de nuestras sociedades, en algunas más intenso que en otras, y la violencia que deviene del mismo, tanto para hombres, como para las mujeres sigue siendo alarmante, y sin embargo cada vez con mayor frecuencia las familias actuales, están constituidas de maneras muy distintas que hace años. Hoy tenemos una predominancia de padres solteros que se involucran y relacionan con sus hijos, padres divorciados, familias reconstituidas donde conviven, “los míos, los tuyos y los nuestros”,

Algunas Instituciones de nuestra cultura a veces están obturadas por sus maneras conservadoras de preservar los imaginarios sociales que sostienen y atraviesan a las personas y que se perpetúan por ejemplo desde las prácticas de la Escuela, y de los Juzgados de familias.

Consideremos el caso particular de la escuela:

Cada nuevo año escolar se incrementan la cantidad de padres varones que se los encuentra dejando a sus niños y niñas en las escuelas y colegios, despidiéndose por fuera de las rejas de la institución, hablando con las maestras, llevando las loncheras, dando las manos tiernamente, brindándoles seguridad y acompañando a los pequeños que son menos autónomos.

A pesar de este gran y favorecedor cambio del rol de padre exclusivamente proveedor, al padre nutricio, compañero, le existe una contra cara, “la Institución educativa”. Cuando se reciben comunicaciones por parte de la Institución, es común que se refieran a los adultos responsables de los niños como “Estimadas mamitas”. En pocos casos se lee: “Estimadas mamitas y papitos”. La escuela necesita movilizar el rígido pensamiento de que son solo las madres quienes cuidan de sus hijos.

¿Qué podría suceder si, desde la escuela se involucrara, empezando por el lenguaje, a los padres? Si se reconociera y otorgase un lugar visible  a la función del padre en la relación con sus hijos?

El caso del padre en los juzgados: 

Los juzgados son Instituciones complejas y que tienen el poder de determinar la vida emocional, física y mental de muchas familias a través de sus resoluciones. Ha sido muy importante el enfoque de género en los juzgados, claro que sí, pero el feminismo radical, tanto como la ignorancia absoluta sobre derechos, no le hace bien, ni a un juzgado, ni a las mujeres, tampoco a los hombres, menos a nuestros niños y niñas, como nada que se denomine radical y o fanático, pues en lo radical, ya no existe posibilidad de pensamiento y de diálogo, solo de imposición desde una militancia que se torna a-crítica.

El imaginario social poco discutido de que “toda madre es buena, que lo mejor que le puede pasar a un hijo es estar con su madre, la temible pero siempre presente idea de la madre-santa” son imaginarios que derivan en sentencias en cuanto a la tutela, tenencias, regímenes de visita de los niños y niñas que determinarán el tipo de vínculo presente y futuro con ambos padres, y en su subjetividad.

¿Existe la posibilidad de que un padre sea la mejor opción para tener la tenencia de sus hijos? ¿Toda madre es sana mentalmente, buena, la mejor alternativa de cuidado, y si no es ella debe ser otra mujer, aunque se le imponga un cuidado que no ha pedido? Quienes trabajamos con mujeres, y escuchamos a muchas de ellas, sabemos bien que no todas las mujeres, ni todas las madres están en las mejores condiciones para cuidar de sus hijos, también es cierto que muchos varones, si lo están y que desde siempre han existido y existen hombres bondadosos, nutricios, fuentes de cuidado y sostén de muchos hijos e hijas. Los jueces y juezas necesitan conocer y dejar de estigmatizar a los padres varones como la opción menos beneficiosa, a menos que comprueben lo contrario (“y vaya a ver si es posible comprobar)”. Se requiere formación profunda y crítica en el enfoque de género, y no solo militancia.

Un sufrimiento común de algunos varones puesto en palabras se escucha en frases como: “no reconocen los esfuerzos que uno hace, no importa lo que haga, siempre está mal”. Quizás es momento de dar un lugar a lo nuevo, dejar los pre- juicios, y mirar con detenimiento como en muchos casos, la ternura que aflora de un hombre, cura, cuida, nutre y permite armar lazos perdurables y necesarios en la vida, no solo de sus hijos, sino dentro de los lazos sociales.

Vemos como la Masculinidad es una construcción y deconstrucción individual y  colectiva que ha atravesado distintos períodos históricos, o sea con improntas epocales y regionales generando crisis, tensiones y modificaciones.

Observamos la deconstrucción de un pacto patriarcal cuyo proceso es lento e inacabado. La pérdida del estereotipo patriarcal puede acarrear, en algunos individuos, una adhesión defensiva a ese modelo, en tanto para otros es considerado liberador. Entonces el complejo espectro de identidades masculinas y sus facetas provoca desconcierto, ya que no saben que se espera de ellos y el camino identificatorio se torna más dificultoso.

 Las Instituciones, como parte del entramado social pueden colaborar, promover y acompañar los procesos de transformaciones sociales e individuales modificando lo instituido para dar lugar a nuevos instituyentes que emergen de la siempre renovada dinámica comunitaria.

Isabel Mansione Miembro de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA) Coordinadora del grupo de Estudios Psicoanalistas en la comunidad de FEPAL.

Gabriela Salazar– Miembro directo IPA-Ecuador- Miembro del Grupo de Estudio Psicoanalistas en la Comunidad de FEPAL.

Mirta Itlman Miembro de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA) Miembro del Grupo de Estudio Psicoanalistas en la Comunidad de FEPAL.

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