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Historia de los mundiales: Francia 1938 – Tambores de guerra

Después del Mundial disputado en Italia en 1934, y de acuerdo al tácito pacto de alternancia entre Europa y América para la organización de cada evento, en 1938 correspondería a nuestro continente organizar el Mundial. Argentina ya había oficializado su candidatura, y algunos gestos como la visita oficial del presidente de la FIFA, Jules Rimet, y varias declaraciones previas, parecían confirmar que la tercera Copa del Mundo se realizaría en nuestro país. Sin embargo, en el XXIII Congreso de la FIFA, celebrado el 13 de agosto de 1936 en Berlín, en plenos Juegos Olímpicos, se decidió, por 19 votos contra 4, entregar la organización del Mundial a Francia, luego de que el país galo se comprometiera a modernizar y aumentar la capacidad de los estadios, y principalmente, luego del lobby realizado por el propio presidente de la FIFA, de origen francés y varios dirigente de la Asociación Francesa. Argentina, en represalia, se abstendría de participar.

El contexto en que se desarrolló la Copa del Mundo de 1938 no podía ser peor: España se desangraba en una terrible Guerra Civil, en extremo oriente Japón continuaba con sus planes expansionistas sobre el continente en la Segunda guerra chino-japonesa, y Hitler acababa de anexionar Austria al III Reich. El estallido de la II Guerra Mundial era inminente y pocos se ilusionaban, a mediados de 1938, con una paz duradera.

El 4 de junio de 1938 comenzó el que, geográficamente, sería el mundial menos representativo de todos. A la ausencia de Argentina se sumaría la de casi todos los países americanos, disconformes con la falta de alternancia y el excesivo predominio europeo. Sólo Brasil participó, interesado en organizar la edición de 1942, mientras que el cupo norteamericano fue ocupado por Cuba (única participación en mundiales) gracias a la renuncia de todos sus rivales. Asia tuvo su primer representante en las Indias Orientales Holandesas (actual Indonesia), que clasificaron luego de que su rival en las eliminatorias, Japón, renunciara por la guerra que estaban sosteniendo con China. El resto de los seleccionados fueron todos europeos, aunque con las importantes ausencias de España debido a la Guerra Civil, y de los países británicos que continuaban fuera de la FIFA.

El formato del Mundial fue el mismo que en la edición anterior, con eliminación directa desde los octavos de final, prórroga de 30 minutos en caso de empate, y partido desempate en caso de que el marcador permaneciera igualado. La definición por penales aún no se planteaba como posibilidad. La Copa contó finalmente con la presencia de 15 selecciones ya que, si bien Austria había clasificado, el país acababa de ser anexionado por la Alemania Nazi. Inglaterra fue invitada a participar en su lugar pero tampoco aceptó y la gran beneficiada fue Suecia que, emparejada en el sorteo con Austria, clasificó a cuartos de final sin necesidad de jugar los octavos.

La gran sorpresa de los octavos de final fue la eliminación de Alemania, que venía de ser tercera en el Mundial anterior y había sumado a sus filas a nueve jugadores de la recientemente anexada Austria. Pese a ser favoritos, igualaron en uno ante Suiza, que se impuso 4 a 2 en el partido desempate. Brasil y Polonia jugaron uno de los partidos más dramáticos de la historia de los mundiales: triunfo brasilero por 6 a 5 en prórroga, luego de haber igualado 4 a 4 en los 90 minutos. El polaco Ernest Wilimowski convirtió cuatro goles, siendo el único jugador en convertir cuatro tantos en un mismo partido y aun así terminar perdiendo. Cuba, por su parte, logró una histórica clasificación a cuartos, luego de empatar 3 a 3 con Rumania en 120 minutos y derrotarla por 2 a 1 en el partido desempate. La defensora del título, Italia, sufrió más de la cuenta al vencer en suplementario a Noruega, los anfitriones franceses eliminaron a Bélgica, Checoslovaquia derrotó a Holanda y Hungría goleó 6 a 0 a las Indias Orientales Holandesas.

En cuartos de final Italia derrotó 3 a 1 a los anfitriones en un tenso partido marcado por la coyuntura política y el abucheo generalizado de los hinchas franceses a los jugadores de la selección italiana. Brasil tuvo que disputar dos encuentros para derrotar a Checoslovaquia; el primero pasó a la historia como “la batalla de Burdeos”, con dos brasileros y un checoslovaco expulsados y dos lesionados en cada equipo. De “Jogo bonito”, nada. En el desempate, jugado dos días después, Brasil se impuso por 2 a 1. Suecia hizo su debut en el torneo derrotando categóricamente a Cuba por 8 a 0, y Hungría venció a Suiza 2 a 0.

El duro duelo de cuartos de final les pasó factura a los brasileros que en semis no pudieron ante la selección italiana que por 2 tantos contra 1 sacaron boleto a la final. Además del cansancio acumulado, hubo otro factor sorpresivo que influyó en el resultado: el entrenador brasilero, por cuestiones que nunca fueron aclaradas (quizá porque no estaban en óptimas condiciones, quizá por un exceso de soberbia), optó por no incluir en el partido a tres de sus figuras, entre las que destacaba Leónidas, el mejor jugador del torneo y goleador con 7 tantos. Por aquel entonces no estaba permitido realizar cambios durante el partido con lo cual el conjunto brasilero acabó echando de menos a sus figuras, y seguramente hasta el día de su muerte el técnico Ademar Pimienta debe haberse arrepentido de su decisión. Tan confiados se encontraban los brasileros de su victoria que incluso sacaron los pasajes de avión a París, donde se jugaría la final, antes de tiempo. No sería la primera vez que un exceso de confianza les jugara una mala pasada. En la otra semifinal los húngaros no tuvieron problemas para vencer a los suecos; pese a arrancar ganando casi desde el vestuario, con un gol antes del minuto de juego, los suecos cayeron ante la evidente superioridad húngara que con un contundente 5 a 1 se metió en la final.

La final de la III Copa del Mundo se disputó el 19 de junio en el Estadio Olímpico de Colombes, en las afueras de París. En un vibrante partido la selección italiana sacó a relucir su chapa de campeón y, con un 4 a 2 final, se convirtió en el primer bicampeón de la historia de los mundiales, esta vez sin la ayuda arbitral. La fiesta del fútbol llegaba a su fin y los tambores de guerra se hacían sentir cada vez con mayor fuerza en una Europa que se encaminaba irremediablemente hacia el conflicto armado. Habría que esperar más de una década para que la pelota volviera a rodar en un Mundial…

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