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Día mundial de la adopción  

El tema de la adopción es de gran complejidad, ya que presenta varios vértices. 

Levinzon (psicoanalista brasilera) dice que la adopción tiene el propósito de satisfacer  las necesidades del niño y de los padres. Permite al niño encontrar una familia que esté  en condiciones de proporcionarle un apoyo afectivo y que sostenga su desarrollo.

La mayoría de las veces se trata de parejas infértiles que desean tener hijos. Esta  infertilidad puede obedecer a condiciones emocionales y puede cesar con la adopción cunado esta refuerza la autoconfianza en el ejercicio de la maternidad. 

Cuando se trata de esterilidad irreversible puede provocar una herida, difícil de  superar, que requiere cambios en los ideales que la pareja tenía anteriormente sobre la  construcción de su familia. 

Un niño puede representar la continuación de un apellido, de una casa, de una familia  tradicional o, incluso volver a encontrarse con las huellas más genuinas y profundas de  lo que significa para cada uno de la familia Es necesario construir nuevas perspectivas  que modifiquen a los ideales de los padres, como adultos que son. Esta elaboración, la  mayoría de las veces, es un trabajo profundo y duro, que afecta significativamente a la  capacidad de los padres para acoger al niño. 

Por otro lado, y en cierta medida TODOS SOMOS HIJOS ADOPTIVOS, ya que al nacer no  somos tal cual nos esperaban, o nos soñaban, sea por el aspecto físico o por el  temperamento, considerado este como algo inherente a la herencia. O sea, todos los  padres necesitan adoptar a los hijos que nacen, ya sea de su propio cuerpo o el de otro.  

Si se pudiera reemplazar esa palabra “adopción” por otra podríamos decir que todos los  padres necesitan aprender a vincularse con los hijos que nacen a la vida, una vida que  estará sostenida por las experiencias de crianza y de comunicación entre las partes.

El niño también en algún sentido debe adoptar a sus padres, a los que registra desde la sensibilidad infantil (inteligencia intuitiva, empatía, etc.) que le permite captar la  interioridad de los adultos. Esa condición de la infancia suele ser desestimada por el  mundo adulto, que se horroriza de encontrar un semejante en el niño, así decía la  psicoanalista Françoise Dolto a mediados del siglo XX  

Algunos autores psicoanalistas y también psicólogos, que han investigado la mentalidad  infantil y la mentalidad adulta, han encontrado que ambas lógicas son muy diferentes, y  suele ocurrir que el adulto no capte con facilidad la lógica infantil, entonces se produce una confusión de “lógicas”, como decía Ferenczi, un psicoanalista húngaro de  comienzos del siglo XX.

La adopción requiere siempre un tiempo especial para el establecimiento de vínculos  que permitan el espacio fundacional de un encuentro, una vez que se han procesado los  malestares y desacuerdos en la pareja. 

A menudo, el niño adoptado ya ha pasado por innumerables hogares de familiares o amigos o está institucionalizado. Han sufrido abandono y a veces incluso malos tratos.  Pero cuando son acogidos en su nueva familia, cuando todo va bien, pueden   

 sentirse elegidos o privilegiados. Estos sentimientos pueden equilibrar sus experiencias  dolorosas y sus sentimientos de inutilidad. Los padres adoptivos no tienen que ser  perfectos, sino suficientes.  

Nunca se está seguro del éxito de una adopción, pero tampoco se puede asegurar que  un hijo consanguíneo se ajuste a los ideales paternos y maternos. La función parental  siempre va acompañada de un cierto enigma.  

Lo importante sería no mirar la adopción con determinismos impuestos por los  prejuicios y no se debe estigmatizar a un niño adoptado. Todavía es un niño en  desarrollo y la capacidad de superación de un ser humano siempre es sorprendente.  

Veamos una perspectiva de lo que sucede en la práctica.  

Cuando en una pareja surge la idea de adoptar, pueden desear adoptar un bebé o niños  de diferentes edades alojados en Instituciones, en cualquiera de los casos surgen  temores, dudas.

Algunas de ellas son, ¿Estamos seguros de adoptar?, ¿Lo podremos querer? ¿Nos podrá  querer? ¿Nos reconocerá como sus padres? Estás inquietudes se van procesando con  la pareja e internamente en cada uno y se abandona la idea o se va instalando y dando  lugar a la concreción del proyecto. En este caso comienza el siguiente paso; conectarse  con los trámites legales necesarios, preparar la carpeta con los datos que se les solicitan  y realizar las diferentes entrevistas, de información, con la psicóloga y la trabajadora  social.

Aparece un nuevo el temor, no ser aceptados como futuros padres pero cuando la  solicitud es aceptada surge el alivio.

Comienza entonces “el embarazo” que no van a ser nueve meses, no hay fecha de  “parto” En esta espera surgen nuevos temores, en relación a la posibilidad de  transformarse en padres, ¿podremos ser buenos padres, lo podremos comprender? Estos temores se unen con la ansiedad para que se produzca el “parto” y comienza el  entusiasmo, ¿será niña o niño, será rubio o morocho?.

La familia: abuelos, tíos, comienzan a ser parte del proceso. El niño comienza a tener un  lugar en la familia y se producen nuevas inquietudes ¿Lo vamos a poder comprender?  ¿La familia lo aceptará? ¿Sufrirá por ser adoptado? ¿Porque fue dado en adopción?

En la medida que va pasando el “embarazo” todas las dudas se van disipando y  comienza la esperanza, al deseo que llegue el “parto”, los preparativos para esa llegada  tan deseada.

Cuando llega el niño se inicia una nueva etapa, se forma una familia. Ambos comienzan a conocerse y a descubrir las características, las necesidades del niño y las propias, a  reconocerse mutuamente, a aceptarse con sus defectos y virtudes. Esa vinculación se va  a ir dando con nuevas dudas, ¿está bien lo que estoy haciendo?, ¿cómo se siente este  niño que ahora es mi hijo? ¿Nos siente como sus padres? ¿Lo sentimos como nuestro  hijo?

Destacamos nuevamente que en la adopción hay dos necesidades, la de una pareja que necesita un hijo y la de un  niño que necesita padres .Ambos sienten frustración y dolor y requieren amor  para curar esas heridas.  

Es la emocionalidad, la vinculación empática, la afectividad que se establece en el  vínculo la que va curando esas heridas mutuas.

Los hijos biológicos y adoptivos necesitan ser mirados y valorados con sus  características, sus necesidades, sus vivencias. Como ya hemos expuesto, no hay hijo perfecto ni padres perfectos.  La verdad, la sinceridad y las miradas amorosas son las bases fundamentales y  necesarias en este proceso fundacional de la familia.

María Elisabeth Cimenti Sociedad Psicoanalítica de Porto Alegre (SPPA) 

Marta Viola Asociacion Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA) 

Isabel Mansione Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA) 

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