04/03/2024

Opinión

18 de diciembre: Día del Inmigrante

18/12/2023 |



Mg Isabel Inés Mansione , secretaria de psicoanálisis y comunidad de APdeBA
Lic y prof de Historia Liliana Zuntini, miembro del equipo binacional Educreandoi

Hoy celebramos el día de los seres humanos.
En Etiopia en 1974 se descubrió a uno de los homínidos más famosos bautizado Lucy, un
fósil de australopithecus de posición bípeda de millones de años, al que se le atribuye
algunas de las líneas de la hominización. Pocas veces nos ponemos a pensar que tal vez,
se estaba presenciando el origen de las migraciones, que partiendo de África, poblaron
el planeta y el inicio de un fenómeno que hoy es pan de todos los días. Actualmente los
estudios genéticos corroboran no sólo la evolución que nos volvió humanos, sino mucho
de los caminos recorridos en todos los continentes.

Maravilla pensar en esos caminantes que con intrepidez y sin pausa iban más allá,
siguiendo una necesidad, la curiosidad o un deseo, o tal vez una esperanza y así poblaron
la Tierra. Y en esos caminos se ampliaron las formas de comunicación y nacieron las
palabras. Gran parte de la humanidad sigue andando.

En la actualidad, el número de personas que vive en un país distinto de su país natal es
mayor que nunca. En 2020 se estimaba que el número de migrantes internacionales
llegaba a 281 millones de personas. (DESA. Departamento de Asuntos Económicos y
Sociales de la ONU), y es un fenómeno en ascenso.

Ellos reflejan los tiempos vividos y sus esperanzas de cambio proyectadas en el traslado,
a veces fugitivos de otros, a veces fugitivos de sí mismos, otras veces decisores de su
cambio por un proyecto de vida que haga de sus vidas algo que valga la pena vivirla como
decía el psicoanalista Donald Winnicott.

Del libro de Juan Carlos Rizzo titulado: ”Las catorce provincias. Relatos de boliche”. (2002)
recreamos algunos de sus párrafos, para compartir la emocionalidad que atraviesa una
de las generaciones para la cual migrar y comunicarse entre una parte y otra del mundo
no tenía ni la velocidad ni facilidad de hoy. Esas historias están inscriptas en una silenciada
memoria colectiva donde se forjan subjetividades nostalgiosas en el traspaso
generacional, entonces mejor conocerlas.

Dice Rizzo que Giuseppina se había venido desde Italia a la Argentina con su esposo, a la
edad de 15/16 años y perdió la comunicación con su familia de origen, tras una vida de
sacrificio en la que no pudo tener hijos, algo muy valorado en aquella época. Un día su
hermana menor Mariu vino a la Argentina, sin saberlo se instaló en una ciudad donde
conocería a quien haría de intermediario entre las dos hermanas, Rafael, un viajero de
pueblo en pueblo que escuchaba historias, un juglar que intuyó la relación de
hermandad y las puso en contacto.

Mariu sin haberse recuperado del choque emocional que le produjo la “anunciación del
ángel Rafael”, comenzó a organizar el reencuentro, más de 40 años después del último
estar juntas. Viajarían en tren hasta una estación del FFCC. Giuseppina la estaría
esperando. Se habían visto por última vez cuando Mariú tenía cinco años de edad y
Giuseppina quince. ¡Ahora tenían cuarenta y cincuenta, respectivamente!
“Mariú tomo el tren a las seis de la mañana… Al bajar Mariú dirigió la vista… tratando de
abarcar al conjunto en su mayor amplitud. Llevaba sobre sus hombros la pañoleta azul…
que había recibido como regalo de su hermana al momento de separarse. Lo había
pensado así para que la reconozca. Giuseppina, desde antes que se detuviera el tren, se
había apartado de los demás, abriendo los brazos de par en par. Un momento después,
las hermanas estaban una enfrente de la otra, inmóviles largo rato mientras se
contemplaban en silencio hasta que al fin Mariú saltó hasta aquellos brazos para dejar
que se cerraran apretándola fuertemente.”

Las diferentes generaciones de migrantes y descendientes de los mismos en algún
momento experimentan una necesidad de búsqueda de raíces, de contactos, tal vez
porque se necesita armar un puente entre partes de historia del sí mismo que han
quedado fragmentadas, a través del olvido, del silencio, del ocultamiento, cuando se
necesita ocultar aspectos que podrían perjudicar la imagen que se necesita conservar del
lugar de la patria de origen, de la familia de origen, y con ello del propio sí mismo.
Desde hace más de 20 años nos acercamos al rol de las mujeres en la inmigración, a veces
escondidas en el papel de “colaboradoras” que afirmaban el total protagonismo
masculino, aunque hubieran sostenido las riendas de muchos de los emprendimientos.

Ellas en muchas ocasiones fueron las decisoras de la partida, preocupadas por la amenaza
de guerras, pestes o luchas intestinas, preocupadas por el cuidado de la vida. Fueron las
encargadas de mantener lazos con la cultura y los valores de sus terruños facilitando el
refugio que aliviaba el tránsito hacia las nuevas costumbres. Fueron un protoplasma
donde se asentó la vida.

Los que migraron siendo niños o adolescentes, lo hicieron arrancados de “su mundo”, un
pequeño mundo pero único, en contacto pero también separado del contexto general en
el que vive con la familia, un espacio donde es dueño y señor, y a veces esclavo, pero
propio y con el que se identifica. Cuando es apartado de allí por urgencias de traslado,
entiende y no entiende, acepta, pero es “arrancado de su burbuja”. Ya no tienen sus
juegos, aunque conserve algún juguete, ya no tienen con quien compartir sus códigos.
Cuando son entrevistados de adultos algunos dicen “me trajeron, no me preguntaron”, y
el que entrevista siente que han sido apartados de dos mundos: el de todos y el propio.
Ya instalados, suelen sufrir la ausencia afectiva de los padres, preocupados o afligidos por
la subsistencia.

Si estos datos no fueron tramitados por el pensamiento, la comunicación y el lenguaje se
encriptan y pueden reaparecer en generaciones siguientes buscando un significado.
Presionan y pujan por salir y podemos pensarlos, reprimidos en una memoria colectiva,
a la que estamos tratando de recuperar. Entendemos que parte de esa memoria es
“volver” dentro de un contexto donde “siempre se vuelve y nunca se vuelve”.

Ambas autores pertenecientes al equipo de investigación sobre Migraciones del
Departamento de investigación de IUSAM (APdeBA), integrado además por los
investigadores Diana Zac, Santiago Carballo, Leonardo Linetzky y Clelia Manfredi.