04/03/2024

Nacionales

Del pedagogo de la Antigua Grecia a la educación como sistema

24/01/2024 10:39 |



Educar,  educan todos

En la antigua Grecia, los padres de la clase acomodada cuando sus hijos llegaban a los seis años los ponían al cuidado de esclavos llamados paidagogos (pedagogo). ¿Cuál era su trabajo y su misión?

Su misión consistía en llevar y traer a los niños de la escuela, ayudarles a estudiar -en general memorizando las lecciones- y enseñarle moralidad y buen comportamiento.

Los años pasaron y los sistemas educativos organizados por los Estados Nación recogieron la figura del pedagogo -con sus transformaciones sociales-  en el rol del maestro, que con su apostolado docente recrea algo de ese pedagogo Sus horas de trabajo desbordan la hora de clase, en su casa continúa con actividades por fuera del horario escolar, construye propuestas  para sus estudiantes, desde una disposición a conocerlos, a empatizar, seguir sus lógicas,  favorecer los desarrollos detenidos, propiciar la inclusión para que los niños disfruten de su cultura y de otras culturas y evolucionen según sus necesidades y oportunidades.  

No se trata ya de un esclavo: tiene un salario, vacaciones, oportunidades de formación docente continua, etc., pero dicho salario es un pago simbólico si tenemos en cuenta su tremenda participación en la construcción de esperanzas y de futuros a transitar por sus estudiantes.

Ahora bien, pensar que la educación solo corresponde a la escuela y sus maestros es como seguir las geniales palabras del educador Larry Cuban, quien sintetizaba de la siguiente manera, las cuestiones por las cuales se critica a la escuela: “Cuando a la sociedad le pica, se  rasca en la escuela”.

Tendríamos que pensar que la educación está en todos lados en nuestra sociedad, solo que invisibilizada como tal, pero los niños la ven en los grafitis, en los modos de relacionarse las personas, en los medios de comunicación masiva, en las redes sociales, pues todo educa.  Educan la familia y los vecinos, el amplio espacio social de la vereda y de la plaza, el arte, el teatro y el cine, los centros culturales y los clubes de barrio, una melodía que nos muestra ritmos nuevos, el amigo que escucha y el par que se muestra indiferente. 

Todo a nuestro alrededor está educando todo el tiempo, en forma constante e ininterrumpida. En muchas ocasiones este proceso pasa inadvertido, y nuestra conciencia no lo registra. Pero está ahí, a veces con consecuencias no deseables incluso.

Este 2024, y por sexto año consecutivo, el 24 de enero se celebra el Día Internacional de la Educación. La efeméride, declarada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2015, ha tenido diferentes lemas cada año, a fin de resaltar distintas áreas de este amplio campo que es el derecho humano a escolarizarse, cualquiera sea la edad y el nivel de estudios al que nos refiramos. El lema 2024 es “Aprender para una paz duradera”.

Escolarizarse implica, como es obvio, asistir a la institución escuela en sus diferentes modalidades y niveles. Estas instituciones son el espejo de una sociedad que las acoge y les da la tarea de transmitir la cultura de la época, cultura que tiene sus bases en la historia, las tradiciones y la perspectiva de futuro, esto cuando es posible “soñar” en un contexto social. La sociedad deposita en la institución escuela la esperanza de que las generaciones siguientes logren mejorar la comunidad de la que son parte y vayan un paso más allá, mejorando a otras comunidades con las que se vinculan. 

Precisamente es el vínculo el elemento que deseamos destacar en esta celebración 2024. No pensamos solamente en vínculos entre comunidades, sino también en vínculos entre las personas, intersubjetivamente. Pensamos también en vínculos entre personas que comparten el espacio del aula, un adulto y un grupo de escolares, un espacio-tiempo en el que no siempre hay paz. El adulto y el grupo de escolares traen al aula su estilo personal, sus anhelos, sus “ser” y “deber ser” que no siempre coinciden, como si el aula fuera la torre de Babel, con la consiguiente confusión de lenguas. 

Cada uno trae su propio lenguaje y, entonces sí, es esperable que el adulto sea quien pueda desentrañar esa maraña de lenguas mediante la comunicación intra e intersubjetiva que tiene en cuenta las emociones de uno y otros. Las emociones desde nuestra perspectiva no son una desviación de la norma sino la respuesta a una forma de organizar el contexto, que la mayoría de las veces está pensada desde la lógica del adulto. 

“Cualquier metodología que pretenda involucrar a profesores y alumnos en el proceso de aprendizaje debe aceptar todas las emociones. […] Nace un nuevo maestro: el maestro intérprete que con su trabajo alivia lo que en un principio puede considerarse un obstáculo, facilitando el desarrollo estratégico de un tipo de lectura abuenada (benevolente) de lo que sucede en el aula, acercando las emociones a lo que pueden evocar los contenidos disciplinares. […] El maestro intérprete construye experiencias “atractivas”, caminos motivadores, que permitan introyectar un modelo entre el pensamiento (emociones + ideas) y el cuidado de la vida de uno mismo y  del otro, donde se hace posible que el alumno muestre "lo que realmente es" a través de una confianza lograda en el  vínculo con el maestro. Tales experiencias significativas activarán un proceso en cascada, en el aula, en la escuela, con toda la comunidad educativa, incluidos los padres”.[1]

Educar no es solo tarea de la escuela, sino de cada uno de quienes formamos parte de la sociedad. Educamos y nos educamos con la palabra, con el silencio, con la empatía, con los valores que encarnamos, con el amor fraterno que damos y recibimos, con nuestras acciones, con nuestros gestos, pero también con las muestras de crueldad en el mundo, de falta de ternura en los vínculos, de la presencia de guerras y calamidades, de las fraternidades del odio.

Desde este concepto ampliado de educación, extendamos nuestras miradas y observemos cómo nos va en la aventura de seguir aprendiendo.


[1] Extracto de la fundamentación del modelo Educreando©Binacional, del que las autoras son coordinadora y colaboradora respectivamente.

Autores

Mg Isabel Mansione, miembro titular de APdeBA

Liliana García Domínguez, Profesora, diplomada en modos de itnervenci0n en la comunidad