El contrapunto entre el comunicado libertario y lo que ocurre en la práctica expone, más que una diferencia de opiniones, una distancia preocupante entre el discurso y la realidad.
Desde el espacio libertario aseguran que no hay retiro del Estado sino una “reorganización”. Sin embargo, la secretaria de Salud local, Andrea Perestiuk, fue clara: la restricción del programa Remediar implica pasar de un botiquín amplio a apenas tres medicamentos.
Esto no es un cambio técnico: significa que pacientes con enfermedades crónicas pueden interrumpir tratamientos. El resultado no es eficiencia, es más presión sobre guardias y hospitales, con cuadros agravados que podrían haberse evitado.
El comunicado critica el sistema anterior por supuesta falta de control, pero omite un dato central: durante más de 20 años, Remediar garantizó acceso a medicamentos esenciales en el primer nivel de atención.
Hoy, ese acceso se reduce. Y cuando se reduce en salud pública, no se “optimiza”: se excluye.
Se destacan cifras millonarias en medicamentos de alto costo, pero al mismo tiempo el sistema de PAMI atraviesa una de sus peores crisis.
Médicos denuncian recortes de hasta el 50% en sus ingresos, pagos insuficientes y un sistema de cápitas que desvaloriza la atención. El resultado ya se ve: profesionales que abandonan la cartilla y jubilados que quedan sin cobertura real.
Hablar de inversión mientras se vacía la atención cotidiana es, como mínimo, un relato incompleto.
El discurso libertario insiste en la eficiencia, pero la gestión nacional acumula conflictos: recortes en programas de discapacidad, problemas en la entrega de medicamentos oncológicos, cambios abruptos en PAMI y transferencias de cápitas que generaron caos en ciudades como Necochea.
De hecho, miles de jubilados debieron volver al sistema público tras ser derivados a prestadores sin capacidad suficiente, exponiendo fallas graves en la planificación.
Otro de los argumentos es que el deterioro es heredado. Sin embargo, las medidas concretas —recortes, restricciones y cambios en programas— son decisiones actuales.
La crisis puede tener raíces históricas, pero el agravamiento es presente.
En Necochea, el hospital municipal trabaja con más del 90% de ocupación, mientras crece la demanda por la caída de prestaciones en otros niveles. En el interior del distrito, además, se suma la dificultad para conseguir médicos, lo que agrava aún más el escenario.
La consecuencia es clara: cuando Nación se retira, el peso cae sobre municipios y provincias.
El comunicado cierra afirmando que “la salud no puede ser rehén de la política”. Sin embargo, los hechos muestran otra cosa.
La salud siempre es política: depende de decisiones, presupuestos y prioridades. Y hoy, quienes la están dejando como rehén son las políticas de ajuste del gobierno de Javier Milei, que recortan recursos, reducen programas y trasladan la crisis a los territorios.
No es un problema de relato. Es un problema de realidad.