El diagnóstico es coincidente entre empresarios, sindicalistas y referentes del sector inmobiliario: la actividad económica atraviesa uno de los momentos más complejos de las últimas décadas. El centro y los principales corredores comerciales han perdido movimiento, especialmente durante la semana, reflejando un cambio brusco en la dinámica urbana.
Desde la Cámara Empresaria, su presidente, Guillermo Cravea, explicó que la crisis responde tanto a la caída del consumo como a transformaciones estructurales, como el avance de las plataformas digitales. En ese escenario, muchos comercios se ven obligados a reconvertirse para subsistir.
El impacto también golpea de lleno al empleo. El secretario general del Sindicato de Empleados de Comercio, José Larraburu, advirtió que los locales que cierran no están siendo reemplazados, una señal clara de retracción. “Hoy muchos comerciantes optan por atender ellos mismos para reducir costos”, señaló, marcando el retroceso en la generación de trabajo.

En paralelo, el mercado inmobiliario exhibe signos de parálisis. La presidenta del Centro de Martilleros, Claudia Lutz, describió un escenario con locales vacíos durante meses y alquileres que quedaron fuera de escala frente a la caída del turismo y el aumento de tarifas. En algunos rubros, como la gastronomía, los costos de servicios ya superan el valor del alquiler.
El trasfondo es claro: la pérdida del poder adquisitivo impacta de lleno en el consumo. Los ingresos se destinan casi exclusivamente a cubrir necesidades básicas, dejando sin margen a la actividad comercial.
El dato no es menor en clave regional. Tandil, muchas veces puesta como ejemplo por sectores de la oposición necochense, enfrenta hoy problemas similares —o incluso más profundos— que otras ciudades del interior bonaerense.
El cuadro se completa con la falta de obra pública, la incertidumbre económica y la necesidad de reglas claras que permitan sostener la actividad. Mientras tanto, los actores locales coinciden en un punto: sin recuperación del consumo y sin previsibilidad, el comercio tradicional seguirá en retroceso.
Así, la “ciudad modelo” también muestra que la crisis no distingue discursos ni comparaciones.