Un fuerte repudio generó la frase pronunciada por el concejal Juan Pablo de la Hera, quien en medio de una reunión en el Honorable Concejo Deliberante le dijo al director de Transporte municipal, Facundo Croci: “A vos no te entran las balas”.
El episodio ocurrió este martes 28 de abril, cuando Croci, acompañado por el secretario de Gobierno Jorge Martínez, se presentó ante los concejales para brindar explicaciones sobre el pliego de licitación del transporte público, un tema clave para el futuro del servicio en Necochea y Quequén.
Durante su exposición, el funcionario remarcó la necesidad de elaborar un pliego viable, que contemple tanto las demandas de los usuarios como la realidad del mercado, con el objetivo de evitar que la licitación quede desierta y las ciudades se queden sin transporte público.
En ese contexto, y frente a las diferencias planteadas por el bloque de la ACT, De la Hera lanzó la polémica frase, que rápidamente generó incomodidad en la comisión. La expresión, cargada de violencia simbólica, fue interpretada como impropia de un ámbito institucional que debería estar regido por el respeto y el diálogo.
Lejos de entrar en la confrontación, Croci respondió con firmeza: “A mí no me entran las balas porque estoy explicando con total sinceridad y conociendo el tema”, dejando en claro su postura técnica y la responsabilidad de garantizar un servicio esencial para la comunidad.
El trasfondo del debate no es menor. La discusión gira en torno a las condiciones del pliego de licitación, donde algunos planteos podrían elevar significativamente los costos para eventuales oferentes, poniendo en riesgo la participación de empresas y, en consecuencia, la continuidad del servicio.
Sin embargo, más allá de las diferencias políticas o técnicas, el tono utilizado por el edil de la ACT abrió un debate sobre los límites del discurso en la política local. En tiempos donde la violencia verbal gana terreno, expresiones de este tipo no solo desvirtúan el debate, sino que erosionan la calidad institucional.
El Concejo Deliberante es el espacio para discutir, acordar y construir soluciones. No para trasladar metáforas bélicas que nada tienen que ver con la responsabilidad que implica representar a los vecinos.
Porque cuando el lenguaje se vuelve agresivo, el diálogo se debilita. Y sin diálogo, no hay soluciones posibles.