por Benjamín Vázquez
Lo dijo en un medio radial después de una reunión en la Comisión de Economía del Concejo Deliberante —que él mismo preside— junto a productores rurales que reclamaron mejoras en los caminos rurales del distrito. Reclamo legítimo. Tan legítimo como el de miles de vecinos que viven entre calles de tierras y una infraestructura golpeada por un Estado nacional que decidió retirarse de los municipios.
Ahora bien, la pregunta inevitable es otra: ¿puede el representante político del gobierno de Javier Milei acusar a otro de “estar escondido”?
Porque si hablamos de esconderse, quizás habría que empezar por mirar hacia las bancas libertarias.
Es curioso escuchar semejante frase de dirigentes que representan a un gobierno nacional que, desde que asumió, no envió una sola obra pública a Necochea. Ni una. Ni un peso para infraestructura. Ni fondos para maquinaria. Ni asistencia concreta frente a emergencias climáticas. Nada.
Cuando las tormentas inundaron barrios enteros, ¿dónde estuvieron los libertarios locales gestionando ayuda ante Capital Humano?
Cuando la Ruta 228 volvió a transformarse en una trampa mortal, ¿dónde estuvieron reclamando obras ante Vialidad Nacional?
Cuando se desfinanció la salud pública quitándole cápitas de PAMI al Hospital Municipal, ¿dónde estaban los indignados seriales del Concejo?
Silencio.
Y ahí aparece la verdadera discusión: no es si un intendente da más o menos entrevistas. Es qué hacen quienes representan políticamente al ajuste más brutal de las últimas décadas mientras señalan con el dedo a otros.
Porque hablar de “estar escondido” desde un espacio político que desfinanció universidades públicas, recortó programas de discapacidad, paralizó la obra pública y abandonó a las provincias y municipios, suena bastante parecido a la hipocresía.
Más aún cuando algunos integrantes de ese mismo espacio fueron parte de uno de los peores períodos políticos de la historia reciente de Necochea y hoy pretenden pararse como fiscales de la gestión pública.
También llama la atención el nivel de liviandad moral con el que hablan quienes cargan sobre sus espaldas escándalos nacionales permanentes: funcionarios sospechados de lavado de dinero, denuncias por enriquecimiento ilícito, la causa de la criptomoneda $Libra, préstamos millonarios otorgados a funcionarios libertarios desde organismos públicos y una catarata de situaciones que, al menos, merecerían un poco más de prudencia antes de salir a repartir certificados de transparencia.
Y no. Esto no es una defensa cerrada de Arturo Rojas. Los reclamos al Ejecutivo municipal son válidos, necesarios y forman parte de la democracia. Los caminos rurales necesitan respuestas. Las calles de tierra también. Y la gestión municipal tiene responsabilidades concretas que debe atender.
Pero hay algo profundamente irritante en escuchar discursos grandilocuentes de dirigentes que jamás gestionaron una obra para Necochea, que no levantaron la voz frente al abandono nacional y que hoy actúan como comentaristas de la realidad mientras el gobierno que representan ajusta sobre jubilados, universidades, discapacidad, salud y obra pública.
Tal vez el problema no sea quién está escondido.
Tal vez el problema es quién aparece solamente para señalar, pero nunca para gestionar.
Porque si algo necesita hoy Necochea no son frases tribuneras ni declaraciones para redes sociales. Necesita dirigentes capaces de golpear puertas, conseguir recursos y defender a la ciudad ante el gobierno nacional que representan.
Y si no pueden hacer eso, quizás sí: deberían estar escondidos.