06/06/2026

Opinión

libertarios domados

Cuando la política se convierte en un espectáculo: los fleteros desenmascararon a los libertarios

05/06/2026 19:30 | La reunión de la Comisión de Política Económica del Concejo Deliberante tenía un objetivo claro: analizar la problemática de los fleteros y encontrar soluciones para los reclamos vinculados a la Playa Municipal de Camiones. Sin embargo, lo que terminó dejando al descubierto no fue solamente la situación del sector, sino también una forma de hacer política basada más en la confrontación que en la búsqueda de respuestas.


por Benjamín Vázquez


La comisión, presidida por el concejal libertario Juan Cerezuela, terminó transformándose en una escena tan tensa como desprolija. Lo que parecía ser una oportunidad para debatir propuestas concretas derivó en un escenario donde los propios trabajadores cuestionaron duramente a quienes supuestamente buscaban representarlos.

El primer golpe para la estrategia libertaria llegó de la mano del secretario de Gobierno, Jorge Martínez. Lejos de esquivar los cuestionamientos, el funcionario brindó explicaciones detalladas sobre las acciones que viene desarrollando el Departamento Ejecutivo, reconoció falencias existentes y expuso proyectos en marcha para mejorar la situación. Fue una intervención basada en datos y gestión, algo que contrastó con el tono confrontativo que algunos pretendían imponer.

Pero el momento más incómodo para los concejales libertarios llegó cuando los propios fleteros tomaron la palabra. Cansados de sentirse utilizados como herramienta de disputa política, varios representantes del sector increparon a Eduardo Caballero y a Juan Cerezuela. El mensaje fue contundente: no querían ser utilizados para hacer política ni convertirse en actores involuntarios de una puesta en escena partidaria.

La situación dejó al descubierto lo que muchos sospechaban. La convocatoria parecía apuntar más a generar un escenario de confrontación con el Ejecutivo que a construir soluciones concretas para los trabajadores. Sin embargo, la maniobra terminó volviéndose en contra de quienes la impulsaban.

El clima fue, por momentos, verdaderamente grotesco. Cerezuela, en su rol de presidente de la comisión, nunca logró conducir adecuadamente el debate. La reunión se le fue completamente de las manos y la falta de conducción quedó tan expuesta que debió intervenir el secretario del Concejo Deliberante, José Alvariño.

La situación resulta llamativa porque Alvariño no integra la comisión, no tiene voz ni voto en las deliberaciones y su función administrativa se limita a llevar las actas correspondientes. Sin embargo, ante el desorden generalizado, terminó haciendo algo que debería haber hecho el presidente de la comisión: poner orden. Incluso llegó a sentarse y devolverle la palabra a Caballero, una situación al menos impropia desde el punto de vista institucional.

No es la primera vez que Cerezuela exhibe dificultades para conducir reuniones legislativas. La falta de experiencia y de manejo parlamentario suele derivar en encuentros desordenados, donde las discusiones terminan a la deriva y el objetivo original queda relegado.

El problema es que detrás de estas escenas no hay solamente una cuestión de formas. Existe también un estilo político. Tanto Cerezuela como Caballero parecen haber adoptado la confrontación permanente como método. Gritos, interrupciones, acusaciones y descalificaciones se han convertido en una marca registrada de su actuación pública. Una versión local de la lógica que impulsa Javier Milei a nivel nacional.

Sin embargo, mientras el espectáculo de la confrontación puede generar repercusión en redes sociales o titulares ocasionales, difícilmente resuelva los problemas reales de los vecinos. Los fleteros fueron precisamente quienes expusieron esa contradicción cuando rechazaron ser utilizados como herramienta política.

Particularmente llamativa resultó la defensa realizada por Eduardo Caballero respecto de su propuesta. El concejal argumentó que era necesario pedir montos exagerados para luego negociar. "Uno arranca pidiendo un monto para luego poder negociar. Si arrancamos pidiendo un 20%, después no nos dan nada", sostuvo. La explicación no hizo más que profundizar el malestar de los trabajadores presentes, quienes interpretaron que sus necesidades estaban siendo utilizadas como parte de una estrategia política y no como un reclamo genuino.

A ello se sumó una actitud recurrente de Caballero hacia sus pares y hacia funcionarios del Ejecutivo. Su tono despectivo y permanentemente confrontativo refleja una mirada donde pareciera existir una división entre quienes se consideran poseedores de la verdad absoluta y quienes no comparten su visión. Una lógica peligrosa para cualquier democracia, porque reemplaza el debate por la descalificación.

La reunión terminó dejando una conclusión evidente. Los trabajadores fueron en busca de soluciones y terminaron exponiendo las limitaciones de quienes pretendían representarlos. La falta de conducción, el exceso de confrontación y la ausencia de propuestas concretas volvieron a poner en duda la preparación de algunos dirigentes para ejercer responsabilidades institucionales.

La política debería servir para resolver problemas. Cuando se convierte en un espectáculo de gritos, operaciones y enfrentamientos estériles, los únicos perjudicados son los vecinos que esperan respuestas.

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