La jornada del miércoles 10 de junio quedará registrada como una fecha significativa en la larga historia del Complejo Casino de Necochea. Tras décadas de debates, proyectos inconclusos, deterioro edilicio y múltiples intentos por encontrar una salida definitiva para uno de los inmuebles más emblemáticos del frente costero, finalmente se concretó la subasta pública que adjudicó el predio a un grupo empresario privado.
Entre quienes siguieron atentamente el acto realizado en el Salón de Actos de la Municipalidad se encontraban los trabajadores del casino, protagonistas silenciosos de una historia marcada por la incertidumbre y la necesidad de sostener el funcionamiento de la sala de juegos pese al progresivo deterioro de las instalaciones. Uno de ellos fue Paulo Nielsen, integrante del plantel de empleados y afiliado a la Asociación de Empleados de Casinos Nacionales, quien pocas horas después del remate dialogó con Jorge Gómez en el programa Voces de la Tarde que se emite por Radio Noticias Necochea. Lejos de los análisis políticos o empresariales, Nielsen puso el foco en lo que representa el resultado de la subasta para quienes trabajan diariamente en el lugar. Su primera definición fue clara: "Estamos contentos y esperanzados". Para los trabajadores, el acto realizado este miércoles constituye apenas el comienzo de una nueva etapa. Ahora resta que la empresa adjudicataria complete los pasos administrativos previstos y formalice la adquisición definitiva del inmueble.
A partir de allí comenzará un proceso que, según entienden desde el sector, podría abrir oportunidades largamente esperadas. Uno de los aspectos centrales tiene que ver con la continuidad de la actividad del casino dentro del complejo. En ese sentido, Nielsen recordó que la ordenanza aprobada por el Concejo Deliberante establece expresamente la obligación de mantener los espacios destinados a la sala de juegos, garantizando así la permanencia de la actividad administrada por Lotería y Casinos de la Provincia de Buenos Aires.
La mirada de los trabajadores también está puesta en otro capítulo clave: la futura licitación de las máquinas tragamonedas. Según explicó Nielsen, las conversaciones mantenidas durante el acto con autoridades vinculadas al sector alimentan expectativas positivas respecto de los plazos que podría demandar ese proceso. La eventual incorporación de tragamonedas aparece como una de las herramientas más importantes para potenciar la actividad económica del casino y ampliar su funcionamiento.
Actualmente la sala desarrolla una actividad limitada, pero un esquema renovado permitiría extender horarios, incrementar servicios y generar nuevas oportunidades laborales. "Con un casino renovado y con tragamonedas se podrían abrir más espacios y generar más puestos de trabajo", señaló Nielsen, quien destacó que esa posibilidad es observada con entusiasmo por los trabajadores. La expectativa también está vinculada al proyecto integral presentado por el grupo inversor. Aunque reconoció no conocer en detalle la totalidad de la propuesta, indicó que los primeros lineamientos contemplan la incorporación de servicios gastronómicos, hoteleros y comerciales que podrían transformar significativamente el sector. La lectura que realizan desde el ámbito laboral es sencilla: una inversión de la magnitud anunciada difícilmente tenga como único objetivo la adquisición de un inmueble. Por el contrario, entienden que existe una apuesta por recuperar un espacio estratégico de la ciudad y convertirlo nuevamente en un polo de atracción turística y recreativa.
Sin embargo, más allá de las proyecciones futuras, Nielsen destacó un aspecto que para muchos trabajadores resulta incluso más importante: la tranquilidad. Durante años, quienes desarrollan sus tareas en el casino convivieron con problemas edilicios permanentes. Filtraciones, desprendimientos, dificultades en los servicios y un deterioro cada vez más visible generaban preocupación constante sobre las condiciones de trabajo y sobre el futuro mismo del establecimiento. "Lo que más nos deja esto es tranquilidad", resumió Nielsen. Una tranquilidad construida sobre la expectativa de que el edificio vuelva a recibir inversiones y deje atrás una etapa de abandono que parecía no tener solución. Con más de dos décadas trabajando en el mismo lugar, el empleado casinero conoce de cerca las dificultades que atravesó el complejo. Por eso interpreta el resultado de la subasta como un punto de inflexión.
Mientras comienza el largo proceso administrativo que seguirá al remate, entre los trabajadores prevalece una sensación que hasta hace poco parecía lejana: la posibilidad concreta de pensar el futuro con optimismo. Para quienes sostuvieron la actividad durante los años más difíciles, la subasta no representa un punto de llegada, sino el inicio de una nueva etapa cargada de expectativas.