24/06/2026

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Tras 51 años de búsqueda, la familia Ibarra-Britos recibió los restos de Horacio y pudo darle sepultura

14:15 | El Equipo Argentino de Antropología Forense restituyó los restos del joven que fue asesinado en 1975 y permaneció durante décadas enterrado como NN en Escobar.



En una jornada cargada de emoción, la familia Ibarra-Britos recibió este martes en Quequén los restos de Horacio Alfredo Ibarra-Britos, quien fue asesinado en diciembre de 1975 y permaneció durante décadas sepultado como NN en el cementerio de Escobar. La restitución estuvo a cargo del Equipo Argentino de Antropología Forense y puso fin a una búsqueda que se extendió durante 51 años.

“Hoy nuestro hermano Horacio puede descansar en paz y cerca nuestro. Cerramos una intensa y dolorosa búsqueda que nos llevó 51 años”, expresaron sus hermanos al recibir el cofre con los restos del joven.

La entrega fue realizada por Carlos Somigliana y Mariella Fumagali, integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense, quienes llegaron hasta la vivienda de Abel Ibarra en Quequén. Allí se reunieron gran parte de los hermanos sobrevivientes y varios sobrinos de Horacio para participar del emotivo momento.

Horacio, conocido por su familia como “El Ñato”, tenía 18 años cuando salió de su casa del barrio 16 Viviendas de Quequén en junio de 1975 y nunca regresó. Trabajaba en tareas de esquila y tenía una gran pasión por las motos. Su desaparición marcó a toda la familia, que durante décadas impulsó una búsqueda ininterrumpida.

La investigación comenzó a encontrar respuestas en 2010, cuando tres de sus hermanos aportaron muestras sanguíneas para incorporarlas al banco genético del Equipo Argentino de Antropología Forense. A partir de entonces se desarrolló un largo proceso de análisis que permitió identificar los restos hallados en Escobar.

La confirmación llegó el año pasado mediante un llamado telefónico recibido por Abel Ibarra. La noticia puso fin a décadas de incertidumbre y abrió el camino para concretar la restitución y el regreso de Horacio a su ciudad.

Tras la firma de la documentación correspondiente y las explicaciones brindadas por los especialistas, la familia compartió un momento de intimidad y agradeció el trabajo realizado por el equipo forense mediante cartas que fueron leídas durante el encuentro.

Posteriormente, una caravana acompañó el traslado de los restos hasta el cementerio de Quequén. Bajo una lluvia persistente, Horacio Ibarra-Britos fue sepultado junto a sus padres y dos de sus hermanos, cumpliendo así el deseo de una familia que nunca dejó de buscarlo y que, más de medio siglo después, logró cerrar una de las heridas más profundas de su historia.

Fuente: Ecos Diarios