El Gobierno de Javier Milei sufrió este viernes una de sus bajas políticas más sensibles: Manuel Adorni presentó su renuncia en medio de la investigación judicial que lo tiene bajo la lupa por presunto enriquecimiento ilícito, en una causa que en las últimas semanas había escalado con fuerza y generado fuerte ruido interno en la Casa Rosada.
Adorni, una de las figuras más visibles y defendidas por el Presidente desde el inicio de la gestión, quedó envuelto en un expediente impulsado por el fiscal Gerardo Pollicita, quien ordenó avanzar con un análisis detallado de su evolución patrimonial a través de la Dirección General de Asesoramiento Financiero en las Investigaciones (DAFI).
El informe contable, clave para determinar si existieron inconsistencias entre ingresos y bienes declarados, terminó acelerando una definición política que hasta hace pocos días parecía lejana. Aunque Milei sostuvo públicamente su respaldo al funcionario durante gran parte del proceso, el desgaste y la presión dentro del oficialismo terminaron inclinando la balanza.
La salida de Adorni se definió tras una serie de reuniones reservadas entre el Presidente, Karina Milei y el núcleo duro libertario, donde se evaluó el impacto institucional y electoral de sostenerlo en el cargo mientras avanzaba la causa.
La renuncia no solo representa la caída de uno de los hombres más cercanos al mandatario, sino que además abre una nueva etapa de tensión interna en La Libertad Avanza, donde ya comenzaron a sonar nombres para ocupar su lugar.
Con este movimiento, el Gobierno intenta contener el costo político de un caso que golpea de lleno uno de sus principales discursos: la transparencia y la lucha contra los privilegios de la política. Pero puertas adentro, el cimbronazo ya dejó heridas y volvió a exponer fisuras en el armado oficialista.