La llegada de la zafra de anchoíta devolvió algo de movimiento a la planta de Engraucoop, la cooperativa de trabajo que desde hace casi quince años mantiene en funcionamiento una histórica fábrica pesquera de Quequén. Sin embargo, el alivio es parcial. La actividad continúa marcada por la irregularidad laboral, la incertidumbre económica y el esfuerzo permanente que implica sostener una empresa recuperada con recursos propios.
Así lo expresó Analía Morino, integrante de la cooperativa y responsable del área administrativa, durante una entrevista brindada al programa Voces de la Tarde, que conduce Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea 97.3 FM.
"Veníamos mal, pero ahora se restableció un poquito porque comenzó la zafra", explicó al describir la situación actual de la planta.
Morino señaló que en esta época del año comienzan a ingresar las capturas de anchoíta provenientes del litoral marítimo de la región, iniciándose el proceso de clasificación, descabezado, salado y almacenamiento en barriles para su maduración.
La producción se destina principalmente al mercado interno y abastece a distintas empresas del país. Esa actividad representa el principal sustento económico de una cooperativa integrada por 170 trabajadores, de los cuales alrededor de 150 son mujeres.
La jornada laboral habitual se desarrolla de lunes a viernes, de 7 a 15, aunque cuando los barcos descargan durante los fines de semana también deben concurrir los operarios encargados de recibir la materia prima.
Morino explicó que la duración de la zafra depende exclusivamente del comportamiento del recurso pesquero y de las condiciones climáticas.
"Puede durar quince días, un mes o dos meses", indicó.
Fuera de esos períodos, la realidad cambia considerablemente.
Según relató, tras varios meses de actividad continua entre diciembre y febrero, comenzaron las interrupciones.
"Trabajábamos dos días por semana, después una semana sin actividad y nuevamente algunos días de trabajo", comentó.
Esa irregularidad impacta directamente en los ingresos de los asociados, ya que la cooperativa vive exclusivamente de la comercialización de su producción.
Además de distribuir los excedentes entre los trabajadores, Engraucoop debe afrontar el mantenimiento de un amplio edificio industrial que requiere reparaciones permanentes.
"Hay mucho para mantener. Siempre se rompe algo", resumió Morino.
La historia de Engraucoop comenzó hace casi quince años, cuando la firma propietaria —de capitales italianos con radicación en España— abandonó repentinamente la actividad.
"Llegó el día de cobrar y no había nadie", recordó.
Frente a esa situación, los trabajadores decidieron permanecer dentro del establecimiento para evitar su deterioro y preservar la fuente laboral.
Actualmente, la planta continúa bajo un proceso judicial y concursal, administrado por un síndico y supervisado por la Justicia, que autorizó a la cooperativa a continuar explotando las instalaciones mientras se resuelve la situación definitiva.
"Si nosotros no hubiéramos permanecido ahí, hoy no quedaría nada", afirmó.
Según explicó, la presencia constante de los trabajadores evitó el saqueo, el vandalismo y el desmantelamiento que sufrieron otras plantas industriales abandonadas.
Otro de los aspectos que destacó Morino fue la capacitación permanente de nuevos integrantes.
Muchas de las mujeres que hoy trabajan en la cooperativa llegaron sin experiencia en la actividad pesquera.
"Había chicas que ni siquiera conocían una anchoíta. Aprendieron el oficio y hoy son excelentes trabajadoras", señaló.
Actualmente, el cupo de asociados está completo, aunque cuando se produce alguna vacante se incorporan nuevos trabajadores, quienes reciben formación dentro de la propia planta.
Más allá de la realidad interna de Engraucoop, Morino también hizo referencia al complejo escenario económico que atraviesan muchas familias de Necochea y Quequén.
"Cada vez alcanza para comprar menos", expresó al referirse a la pérdida del poder adquisitivo de los salarios.
También mencionó el aumento de los servicios públicos, las dificultades para afrontar los gastos cotidianos y el deterioro de algunos sectores de la ciudad.
Antes de finalizar la entrevista, dejó una reflexión que resume la realidad que observa diariamente.
"No hay gente que no quiera trabajar; lo que hay es gente que necesita trabajo."
Quince años después del abandono de la empresa original, Engraucoop continúa demostrando que el trabajo cooperativo y la organización de sus integrantes han permitido mantener en pie una actividad histórica para Quequén y sostener el empleo de 170 familias, aun en un contexto económico que sigue planteando enormes desafíos.