Hay historias que parecen escritas por un guionista con demasiado tiempo libre. Pero no. Ocurrieron en Necochea.
Este domingo se vivió un episodio que mezcló militancia ambiental, drama, suspenso, comedia absurda y un desenlace digno de un premio al mejor giro argumental.
Todo comenzó frente al Colegio de Abogados, donde se llevó adelante la extracción de tres árboles autorizada por la Municipalidad. La institución contaba con todos los permisos correspondientes. Tan es así que hasta el propio secretario de Gobierno se acercó al lugar para certificar que el procedimiento era completamente legal.
Sin embargo, eso poco importó.
Un reducido grupo de ambientalistas decidió convertir la mañana en una escena de protesta. Hubo gritos, filmaciones, acusaciones, cuestionamientos y el ya conocido libreto del "ecocidio" cada vez que una motosierra aparece en el horizonte.
La paradoja era que no se trataba de árboles sanos. Bastaba mirar el interior del tronco para entender por qué se había autorizado la extracción.
El plátano presentaba cavidades internas de gran tamaño, con el corazón del árbol prácticamente desaparecido. La madera, oscura, quebradiza y completamente degradada, evidenciaba un proceso avanzado de pudrición que, según especialistas, suele ser provocado por hongos xilófagos como Ganoderma o Phellinus, muchas veces favorecidos por viejas podas mal cicatrizadas o daños mecánicos.
La descomposición avanzaba desde el centro hacia el exterior, dejando apenas un anillo de madera aparentemente sana sosteniendo la estructura. Incluso había tierra y material orgánico dentro del tronco, señal inequívoca de que las cavidades llevaban años abiertas.
Para despejar cualquier duda, el podador introdujo un palo dentro del árbol. El palo desapareció en un hueco que hablaba más fuerte que cualquier discurso.
Y ahí estaba el verdadero problema.
Cuando la pudrición compromete gran parte del diámetro del tronco, el riesgo de fractura o caída aumenta considerablemente, especialmente durante temporales o fuertes vientos. En otras palabras: el árbol ya no era solamente un árbol; podía convertirse en un peligro para quienes caminaban por esa vereda.
Pero la función recién empezaba.
Terminada la extracción llegó la escena que nadie, absolutamente nadie, habría podido anticipar.
Uno de los manifestantes hizo una pregunta que cambió el género de la película.
—¿Qué van a hacer con esta leña?
La respuesta fue simple.
—Si la quieren, llévensela.
Y entonces ocurrió el milagro de la transformación.
Los mismos troncos que media hora antes eran defendidos con abrazos simbólicos pasaron a convertirse, de manera casi instantánea, en un valioso recurso energético.
No transcurrieron veinte minutos.
Apareció una Ford EcoSport.
Después una Ford Ranger.
Y comenzó un operativo de carga con una eficiencia logística que hubiera despertado la admiración de cualquier empresa de mudanzas.
Los enormes pedazos del árbol "intocable" fueron desapareciendo uno tras otro.
No quedó prácticamente nada.
Los guardianes del plátano terminaron retirándose... con el plátano.
Si la primera parte de la historia hablaba de preservar un ser vivo, la segunda parecía sugerir que ese mismo ser vivo, una vez cortado, tenía un destino mucho más conveniente: calefaccionar algún hogar.
El contraste fue imposible de ignorar.
No se cuestiona aquí el ambientalismo. Todo lo contrario. Una ciudad necesita vecinos comprometidos con el cuidado del ambiente, del arbolado urbano y de los espacios públicos. Esa participación es saludable y necesaria.
Lo que invita a reflexionar es otra cosa: cuando el activismo deja de mirar la evidencia y se aferra únicamente a la consigna, corre el riesgo de transformarse en una caricatura de sí mismo.
Porque cuesta explicar cómo un árbol que era presentado como un patrimonio natural intocable terminó, apenas unos minutos después, cuidadosamente acomodado en la caja de dos camionetas.
Hay finales abiertos.
Hay finales inesperados.
Y después está este.
El de quienes abrazaron un árbol enfermo hasta el último segundo... para terminar llevándoselo partido en leña.