18/09/2026

Opinión

Las pantallas, los cuidadores y los bebés.

17/09/2026 09:05 | Coordinadora del área de niñez y adolescencia del Centro Liberman de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires


por Esp. Lic. Viviana Isern


En este momento nuestra relación con la realidad está en buena medida mediada por las pantallas y en la misma proporción las cosas son reemplazadas por las imágenes de las cosas.

Los adultos tenemos una alegre y falsa ilusión de comunicación e incluso de híper comunicación y sociabilidad pero resulta que en casa, en la intimidad de la crianza de nuestros bebés las redes y las pantallas están dejando su marca en el sentido contrario.

Las redes nos demandan a los que somos cuidadores como si debiéramos estar con los ojos siempre abiertos, listos para Facebook, Whatsaap, Instagram, Tik Tok,  y dispuestos a recibir todo lo que el algoritmo tiene para ofrecernos incansable e interminablemente.

Pero resulta que en este mundo adulto hipnotizado por las redes están creciendo y desarrollándose los bebés que por un tiempo no muy largo, bastante acotado por cierto, dependen absolutamente de nuestra atención y empatía.

Vemos en los consultorios que están aumentando mucho las problemáticas en niños que no logran detenerse en nada, niños que no pueden regular su excitación, que no paran de moverse sin ton ni son, niños que se desregulan muy fácilmente y cualquier dificultad los inunda estallando en berrinches inmanejables.

Tanto la atención como la regulación afectiva de las excitaciones psíquicas en el niño son en principio, aunque no sólo, pero sí en gran medida, producto del contacto estrecho y primario con el cuidador.

El que cuida es quien posibilita los decursos de la atención con su propia atención que sigue de cerca las necesidades del niño.  Es el ambiente humano que lo rodea  y el manejo del ambiente no humano, los que sostienen en gran medida el desarrollo psíquico y es en la miríada de intercambios amorosos y juguetones en el cuidado cotidiano que se despliega el sí mismo saludable del bebé. ¿Cuánto juego cercano, íntimo con el bebé es posible en las actuales circunstancias del adulto y las pantallas?

El bebé humano se lee a sí mismo en los ojos de su cuidador, se encuentra a sí mismo en el gesto del otro mientras le juega, le canta o lo calma.

Nuestras posibilidades de ser pasan en gran medida por lo que el otro nos devuelve de nosotros mismos y en el comienzo de la vida la atención empática del otro es el verdadero alimento de la psiquis del niño. 

Son épocas difíciles para los adultos cuidadores que debemos hacer enormes esfuerzos para resistir al algoritmo con su incesante atracción aparentemente tan inocua.  

En la crianza actual a la absorción de los adultos en las redes se suma otro riesgo: la exposición prolongada a las pantallas de niños muy pequeños, incluso desde los primeros meses y por largas horas al día.

Estamos viendo niños cuya exposición a las pantallas es su actividad principal y llegan al consultorio con un desarrollo detenido. La pantalla a la que está expuesto el niño no proporciona un contacto con el objeto sino con la imagen del objeto.  

La imagen es en sí misma incorpórea y no puede ser experienciada por el cuerpo del bebé diferenciando así al objeto del sí mismo.

Es el cuerpo la base para la transmisión de intenciones y de comunicación entre los seres humanos.  

La relación primaria con el cuerpo de la madre y luego con todo su entorno es la base desde la cual el bebé puede empezar a desarrollar la noción de sí mismo y del otro como tal, experimentando y aceptando lentamente el acercamiento a la realidad.

La madre o el cuidador de hoy, apremiados por múltiples exigencias tiene la ilusión que la pantalla podría sustituirlo en la ardua tarea de la crianza sin sospechar que lejos de ser  una rápida solución es abrir la puerta del hogar a muy serios problemas.