por Alejandro Sánchez
El paso al costado de Gargaglione no hace más que transparentar el estado de situación en el comité radical de la calle 57: a pesar de las expectativas generadas por la asunción de Daniel Molina al frente del partido, hasta el momento no se han registrado cambios sustanciales ni una dinamización perceptible en la rutina ni en la estrategia opositora de la casa radical.
El caso Gargaglione dejó expuesta una evidente paradoja entre la dirigencia y las bases boina blanca:
Esta reacción pendular vuelve a poner de manifiesto la existencia de un electorado radical en Necochea que sigue esperando ser convocado. Se trata de un universo de vecinos y afiliados que aguarda la emergencia de figuras con peso, liderazgo claro y candidatos competitivos para las próximas contiendas electorales, pero que en el presente no encuentra una referencia local que termine de articular o convencer.
El renuncio de Gargaglione a cruzar los límites del distrito vecino dejó en evidencia que las soluciones no vendrán desde afuera. El radicalismo de Necochea enfrenta el desafío de salir de la encrucijada, ordenar su interna y ofrecerle a sus propios simpatizantes una propuesta con conducción clara y vocación de poder.