04/10/2026

Locales

cuidacoches

“No podemos hacer una norma para ocultar a las personas y después no saber qué hacemos con ellas”

08:49 | El padre Alejandro Martínez, de la parroquia de la Medalla Milagrosa, reflexionó sobre la situación de calle y la reciente ordenanza que regula la actividad de cuidacoches y limpiavidrios. Planteó que detrás de estas realidades existen historias de vida, heridas y necesidades que requieren contención y no solamente sanciones.



La discusión sobre los cuidacoches, los denominados “trapitos” y las personas que sobreviven en la vía pública tiene una dimensión que excede cualquier ordenanza municipal. Así lo planteó el padre Alejandro Martínez, párroco de la parroquia de la Medalla Milagrosa de Necochea, al reflexionar sobre la situación social y la reciente norma aprobada por mayoría en el Concejo Deliberante, que establece sanciones para determinadas actividades en la vía pública.

En diálogo con Voces de la Tarde, programa conducido por Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea, el sacerdote sostuvo que muchas veces se pretende actuar sobre las consecuencias sin abordar las causas que llevan a una persona a vivir en la calle o buscar allí una forma de subsistencia.

“Intentamos ver las consecuencias y no las causas”, señaló. También advirtió sobre el riesgo de “rotular” a quienes atraviesan estas situaciones a partir de determinadas conductas, sin conocer la historia que existe detrás de cada persona.

Martínez reconoció que pueden existir casos de personas que cometen delitos o generan situaciones de violencia, pero pidió no colocar a todos dentro de la misma categoría.

“La mayoría de estas personas están buscando cómo sobrevivir a una situación que no es ajena ni a los que hacen la ley ni a los ciudadanos”, expresó.

La pregunta sobre las multas

La ordenanza contempla multas para quienes realicen determinadas actividades sin autorización municipal, entre ellas ofrecer servicios vinculados con el estacionamiento, limpiar parabrisas o ventanillas en semáforos o interferir en la circulación vehicular.

Frente a esa situación, el sacerdote planteó qué posibilidades concretas tendrá una persona sin recursos para afrontar una sanción económica.

“Es poner una norma donde, si se lo multa, no van a cumplirlo, van a estar siempre en infracción”, sostuvo.

En ese sentido, mencionó el caso de jóvenes que actualmente cuidan vehículos en las inmediaciones de boliches u otros lugares y que pueden encontrar en esa actividad una manera de obtener ingresos.

El padre Martínez no negó la necesidad de intervenir ante situaciones como daños, amenazas o agresiones, pero diferenció esas conductas de aquellas personas que simplemente buscan una forma de subsistencia.

“Querer poner a todos en la misma bolsa me parece que no es mirar el bien común de un municipio o de una sociedad”, afirmó.

“Siguen siendo personas”

Desde su mirada religiosa y comunitaria, el sacerdote insistió en que el concepto de bien común no puede limitarse a quienes cumplen con determinados parámetros sociales.

“No podemos hacer una norma para ocultar, sin saber después qué hacemos con ellos. Siguen siendo personas y siguen viviendo”, remarcó.

La experiencia cotidiana de la parroquia aparece como una referencia concreta para describir el escenario social. Martínez contó que aumentó la cantidad de personas que concurren a comer, aunque destacó que también creció la solidaridad de vecinos que colaboran para sostener esa asistencia.

“Aumentan los comensales, pero también aumenta la generosidad de la gente que se dio cuenta de que con un poquito puede hacer mucho”, explicó.

Para el sacerdote, allí existe una respuesta comunitaria que no siempre ocupa el centro de la discusión pública: instituciones religiosas, organizaciones y vecinos que acompañan a quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad.

Una mirada sobre la comunidad

Su reflexión terminó trasladándose a una pregunta más amplia sobre el modelo de sociedad que se pretende construir. Frente a la posibilidad de excluir aquello que incomoda, Martínez propuso recuperar la idea de comunidad y de responsabilidad compartida.

“No somos enemigos”, sostuvo.

Detrás de las situaciones de calle, afirmó, hay “personas con historias, con heridas” que pueden ser acompañadas y encauzadas si existen redes de contención.

Y dejó una última definición en medio de un escenario marcado por las dificultades económicas y sociales:

“No piden nada, piden solamente una oportunidad. Denles una oportunidad”.