La crisis económica continúa generando dificultades para el entramado productivo bonaerense, con empresas que reducen su actividad, comercios que enfrentan una fuerte caída de las ventas y trabajadores que pierden sus puestos en un mercado laboral cada vez más complejo.
De acuerdo con un relevamiento del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), elaborado a partir de estadísticas oficiales, entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 la provincia de Buenos Aires perdió 8.465 unidades productivas y 106.136 puestos de trabajo registrados.
Las cifras reflejan el impacto sobre empresas de distintos tamaños y sectores durante los primeros años de la gestión de Javier Milei. Entre los factores que condicionan la actividad aparecen la debilidad del consumo interno, los costos de producción, las dificultades de financiamiento y la apertura de las importaciones.
Las dificultades alcanzan tanto a pequeños emprendimientos como a establecimientos industriales con décadas de trayectoria.
Entre los casos mencionados se encuentran la histórica firma Clan Issime, de Tolosa, que cerró después de casi 53 años de actividad; la metalúrgica Leval, de San Nicolás, que anunció el cese de sus operaciones; y Textilana, fabricante de los pulóveres Mauro Sergio, que atravesó una profunda crisis financiera en Mar del Plata.
Aunque cada empresa enfrenta circunstancias particulares, estos episodios exponen los desafíos de sostener la producción y las ventas en un mercado interno debilitado.
El impacto también se extiende al comercio minorista. Según los datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME citados en el informe), las ventas minoristas de las pymes acumularon una caída real del 2,1% durante los primeros nueve meses de 2026.
En ese escenario, numerosos comerciantes enfrentan dificultades para afrontar gastos corrientes, pagar salarios y sostener sus establecimientos, mientras postergan inversiones y proyectos de expansión.
Cuando una empresa deja de funcionar, además, las consecuencias exceden a sus trabajadores directos. También se ven afectados proveedores, transportistas, talleres y comercios que dependen de la actividad económica de la zona.
Detrás de las estadísticas laborales hay situaciones personales y familiares que resultan difíciles de dimensionar únicamente a través de los números.
Para quienes acumulan décadas de experiencia en una fábrica o empresa que cierra, la pérdida del empleo implica mucho más que dejar de percibir un salario. También supone perder estabilidad económica, reorganizar la vida cotidiana y buscar nuevas oportunidades en un mercado que puede ofrecer pocas alternativas.
La situación presenta desafíos particulares para los trabajadores de mayor edad y para quienes desarrollaron toda su trayectoria en un oficio o una actividad específica. La experiencia adquirida durante años no siempre alcanza para encontrar rápidamente otro puesto, especialmente cuando las empresas reducen sus planteles o frenan las contrataciones.
En esos casos, las indemnizaciones y los ahorros pueden brindar un alivio temporal, pero no garantizan una solución de largo plazo si la búsqueda de empleo se prolonga.
La política económica del Gobierno nacional se apoya en el ajuste fiscal, la apertura comercial y una menor intervención estatal. Desde el Ejecutivo se sostiene que esas medidas buscan mejorar la eficiencia de la economía, fortalecer la competencia y consolidar la estabilidad macroeconómica.
Sin embargo, para una parte del sector productivo, la transición presenta dificultades: las empresas deben competir con productos importados mientras enfrentan una demanda interna limitada, costos elevados y restricciones para acceder al crédito.
A esos factores se suman problemas estructurales que las pymes arrastran desde hace años, como la presión impositiva y las deficiencias de infraestructura. La velocidad de los cambios económicos plantea, además, interrogantes sobre la capacidad de adaptación de las firmas con menores recursos financieros.
Por su peso industrial y la diversidad de su entramado empresarial, la provincia de Buenos Aires enfrenta un desafío particular ante la caída de la actividad productiva y del empleo registrado.
La administración bonaerense dispone de herramientas de asistencia y financiamiento para acompañar a las empresas, aunque también debe desenvolverse dentro de sus propias restricciones presupuestarias.
En este contexto, las diferencias entre los gobiernos nacional y provincial forman parte de la discusión sobre cómo sostener la producción y recuperar el empleo. Pero, más allá de las disputas políticas, las dificultades persisten para las empresas que necesitan vender, producir e invertir, y para los trabajadores que buscan reincorporarse al mercado laboral.
Los datos relevados por CEPA muestran la magnitud del retroceso registrado en el período analizado. El desafío hacia adelante será determinar si la actividad productiva logra recuperarse y generar nuevas oportunidades laborales, en un escenario en el que miles de empresas y trabajadores bonaerenses enfrentan la incertidumbre sobre su futuro.