La empresa "Alfa Producciones" había lanzado una convocatoria de extras para rodar apenas ocho minutos de una película. De boca en boca corrió el rumor de que se pagaban 40 pesos por día —una cifra muy codiciada en aquel 1996— y que los jóvenes compartirían set nada menos que con Tom Cruise, Jean-Claude Van Damme y Michael J. Fox. La ilusión del éxito fácil y la visita de estrellas internacionales bastaron para desatar la fiebre colectiva.
A las dos de la mañana del día fijado, el primer vecino ya hacía fila en la puerta del teatro sobre la calle 54. Para las nueve de la mañana, la vereda estaba copada por más de 300 adolescentes de entre 15 y 16 años improvisando ruedas de mate con galletitas. El ambiente de camaradería duró poco: cuando un grupo intentó colarse a los empujones, se desató la primera trifulca de la jornada.
Al igual que en Springfield cuando el Monorriel o cualquier evento extravagante altera la tranquilidad del pueblo, la respuesta institucional no tardó en volverse desmedida y descoordinada. Hizo su ingreso la policía bajo el mando del oficial Carlos Cabello, seguida por los referentes políticos locales de la época: el director de Cultura y Educación, Armando Muñoz; el secretario privado del intendente y el encargado de Deportes, Guillermo Petersen.
Hacia el mediodía, más de 1.300 personas desbordaban la vereda y la calle. Ante el caos imprevisto y la impaciencia de la gente, las autoridades cortaron el tránsito, colocaron vallas y enviaron varios patrulleros junto a un camión de bomberos para custodiar a la multitud. La escena de los bomberos intentando aplacar la euforia de cientos de chicos que esperaban ver a Van Damme rozaba lo absurdo.
Para completar el cuadro simpsoniano, no faltaron los personajes pintorescos. Entre aspirantes locales y actores llegados desde Mar del Plata, apareció un vecino de Quequén que peinaba canas y aseguraba en un perfecto inglés llamarse Patrick Young, afirmando haber actuado décadas atrás en Hollywood junto al mismísimo Gregory Peck.
Pasadas las diez horas de vigilia, avalanchas e improvisación, los representantes de la productora finalmente aparecieron y abrieron las puertas del Teatro Municipal para recibir a la marea de jóvenes.
Aquel episodio de 1996 quedó grabado en la memoria popular de Necochea como el día en que la ciudad creyó tocar el cielo de Hollywood con las manos, pero terminó protagonizando un disparate inolvidable donde la ingenuidad de la época, los rumores descontrolados y la desorganización municipal construyeron una verdadera comedia de la vida real.
¿Estuviste o conocés alguien que haya ido al "casting"?