La caída del consumo comienza a sentirse con fuerza en las carnicerías de Necochea. Los clientes compran menos, comparan precios y buscan opciones que permitan sostener la alimentación familiar sin desbordar el presupuesto. En los últimos meses, esa tendencia se tradujo en una importante retracción de las ventas de carne.
Así lo explicó Gabriel Vallejos, titular de Carnicería Al Corte, durante una entrevista en Voces de la Tarde, el programa que conduce Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea, FM 97.3. El comerciante estimó que, en los últimos cuatro o cinco meses, las ventas disminuyeron entre un 30 y un 40%.
“Estamos como con todo, que el sueldo no alcanza”, resumió Vallejos al referirse a una situación en la que el precio de los alimentos y los ingresos familiares condicionan cada vez más las decisiones de compra.
La preocupación se refleja en el mostrador: mientras los precios de la carne vacuna se mantienen elevados para buena parte de los consumidores, las familias modifican sus hábitos y buscan alternativas para resolver las comidas cotidianas.
De acuerdo con los valores detallados por el comerciante, el kilo de carne vacuna se ubica, en promedio, entre los $16.000 y los $20.000. Algunos cortes, como el lomo, llegan a los $26.000.
Frente a esos números, la diferencia con otras carnes se vuelve determinante al momento de elegir qué llevar a casa. El cerdo aparece como una de las opciones más accesibles: la chuleta ronda los $9.500 por kilo, mientras que la pulpa se comercializa a unos $12.500, con posibilidades de encontrar ofertas.
Vallejos explicó que el cerdo tuvo un aumento cercano al 7% hace aproximadamente un mes, luego de permanecer seis meses sin modificaciones en sus precios.
La brecha entre la carne vacuna y el cerdo puede alcanzar los $4.000 o $5.000 por kilo, una diferencia que cobra especial importancia cuando se trata de abastecer a una familia.
El pollo entero también constituye una alternativa económica, aunque no todos sus cortes tienen el mismo precio. La suprema, por ejemplo, se acerca al valor de algunas opciones de carne vacuna.
Durante la entrevista, Vallejos también hizo referencia a los tiempos de producción que influyen en los costos de cada alimento.
Según explicó, la crianza de un animal vacuno demanda alrededor de tres años, mientras que un cerdo requiere aproximadamente seis meses y un pollo, unos tres meses.
Esas diferencias forman parte de la estructura productiva que incide en los valores finales y ayudan a explicar por qué las distintas carnes presentan precios tan dispares en el mercado.
Sin embargo, para los consumidores el factor decisivo termina siendo cuánto pueden comprar con el dinero disponible. En ese contexto, el cerdo y el pollo ganan espacio en las mesas familiares, mientras la carne vacuna queda cada vez más condicionada por el presupuesto.
La retracción del consumo no significa que las familias hayan dejado de necesitar carne, sino que deben ajustar las cantidades y reorganizar sus comidas para llegar a fin de mes.
“Compra menos cosas para comer o trata de ser muy inventiva para armar la comida del mediodía y de la noche”, describió Vallejos al contar lo que observa diariamente entre sus clientes.
Los guisos y otras preparaciones rendidoras se convierten en aliados para aprovechar mejor los ingredientes. También se comparan precios, se buscan promociones y se reemplazan algunos cortes por alternativas más económicas.
El cambio de hábitos refleja una realidad que va más allá de las carnicerías: cuando los ingresos pierden capacidad de compra, los alimentos básicos pasan a ocupar una parte cada vez más difícil de administrar dentro de la economía doméstica.
De cara a noviembre y diciembre, Vallejos no descartó que puedan producirse nuevas subas, aunque aclaró que, al momento de la entrevista, no había novedades concretas.
El comerciante recordó que durante el año pasado se registró un aumento importante entre fines de octubre y principios de noviembre, que posteriormente tuvo que retroceder.
La disponibilidad de animales y el comportamiento de la demanda son algunos de los factores que pueden incidir en la evolución de los precios durante los próximos meses.
Por ahora, la tendencia que observa el sector es clara: los clientes siguen acercándose a las carnicerías, pero compran menos y deben evaluar cuidadosamente cada gasto.
La caída de las ventas de hasta un 40% estimada por Vallejos expone el impacto de la pérdida del poder adquisitivo sobre el consumo cotidiano. Una realidad que contrasta con cualquier expectativa de recuperación económica que todavía no se traduzca en una mejora concreta para los bolsillos.
En Necochea, como en tantos otros lugares, el termómetro de la economía también está en el mostrador de una carnicería: cuánto cuesta llenar la bolsa y cuántas comidas se pueden resolver con lo que alcanza para comprar.