La jornada, llevada a cabo durante la tarde del miércoles 21 de octubre, reunió a una multitud de vecinos que se acercaron para retirar de forma totalmente gratuita los ejemplares cultivados a lo largo del año.
El encuentro representó la culminación de un proceso de trabajo colectivo y aprendizaje sostenido durante todo el ciclo lectivo. La iniciativa fue el fruto del esfuerzo conjunto entre los alumnos del Taller de Huerta y Forestación del Colegio Danés Altamira —coordinado por Lis Ullerup y Juan Manuel García Siri—, los residentes del Hogar San Andrés y los estudiantes del Taller de Huerta del Centro de Formación Laboral Nº 403, a cargo del profesor Willy Gutiérrez.
La respuesta de la comunidad superó de manera contundente las previsiones de la organización. A lo largo de la tarde se formaron varias cuadras de fila sobre la calle, registrando la asistencia de unas 600 personas que colmaron las instalaciones del Centro Cultural.
Durante el evento se distribuyeron casi 900 ejemplares entre una amplia variedad de especies hortícolas —como tomates, remolachas, puerros, lechugas y morrones—, árboles, plantas aromáticas, ejemplares frutales como membrilleros y parras, y flores como malvones y margaritas.
La demanda fue tan elevada que los plantines se agotaron por completo y algunos asistentes se quedaron sin su ejemplar. Desde la organización, que también integra la agrupación Necochea Ciudad Frutal junto a Eugenia Podlesny, interpretaron esta situación como una muestra del creciente interés de la población y una motivación para ampliar la producción de cara a futuras entregas.
Uno de los pilares más significativos del proyecto radica en su carácter intergeneracional. En el marco del taller, un grupo de estudiantes de primer año del Colegio Danés Altamira visita semanalmente el Hogar San Andrés para trabajar a la par con las personas mayores en tareas de siembra, reproducción vegetal, manejo de aromáticas y deshidratado.
Además, la incorporación en esta edición del Centro de Formación Laboral Nº 403 permitió sumar el aporte de adultos en formación, generando un enriquecedor intercambio entre adolescentes de 12 años, estudiantes adultos y adultos mayores en torno a la naturaleza.
Para los coordinadores y los propios alumnos, la jornada fue mucho más allá de regalar una planta. Representó la oportunidad de visibilizar el trabajo del aula, interactuar directamente con los vecinos, brindar recomendaciones de cuidado y vivenciar el verdadero impacto social de su labor comunitaria.