19/07/2024

Opinión

Psicoanalistas en la comunidad

13/02/2023 |



Muchos de ustedes conocerán el mundo del Psicoanálisis y el trabajo de los psicoanalistas por su ubicación en un espacio de cuatro paredes donde el diván se ha convertido en el objeto fetiche de nuestra práctica. Esto y la figura del hombre de barba blanca sentado en su poltrona, tejiendo sentidos, inconscientes para sus pacientes, son los íconos que han representado y publicitado al psicoanálisis en el mundo.

Más en la penumbra, casi que oculto, se encuentra el trabajo que los analizadores de inconscientes realizan en otros espacios comunitarios, donde no hay divanes, ni espacios de tiempo controlados.

Son diversos los lugares desde dónde se nos demanda o se nos interpela por algún tipo de intervención que ayude a aminorar el sufrimiento que genera o provoca la vida en grupo, tanto como el malestar que se suscita por habitar instituciones que regulan nuestras relaciones humanas.

En estos lugares se producen malestares en la convivencia humana, solo por enumerar algunos espacios: la familia, los sistemas escolares, los centros de producción laboral, los lugares creados para las regulaciones y ocupaciones del tiempo libre, los espacios hospitalarios y penitenciarios, los espacios que acogen a víctimas del racismo, las LGBTQIAN. Desde todos ellos surgen demandas de atención frente a los conflictos que surgen en las vicisitudes de la vida cotidiana, demandas que solicitan intervenciones que ayuden a calmar la tensión que se suscita entre sus diversos miembros.

En todos esos espacios que hemos enunciado los mecanismos de funcionamiento psíquico dejan efectos, pensemos cómo operan las diversas formas de exclusión, fragmentación, discriminación, racismo, prejuicio, mentiras, cómo estas prácticas terminan afectando a una serie de sujetos, que por determinadas características, son mas vulnerables a estos mecanismos de acción humanos.

Esos grupos poblacionales también son muy diversos, los migrantes, los diversos sexuales, las personas de menor o mayor edad, los que piensan diferente, una serie de grupos excluidos de la normatividad y de la moralidad estándar, acaban sufriendo los efectos de los procesos de unificación que toda institución intenta construir.

Es en esos lugares de producción de subjetividad, en esas instituciones reguladoras de vínculos, desde esos sujetos afectados o violentados por los procesos de socialización, desde dónde se nos demanda a una atención a nosotros como psicólogos, psiquiatras, psicoanalistas. Demandas que en muchas ocasiones buscan una adaptación al entorno social.

Ese fue el sentido de las primeras prácticas psicoanalíticas que se construyeron hacia la segunda década del siglo XX. En la Viena Roja post-primera guerra mundial, en el contexto de una reconstrucción social demócrata de Austria, el psicoanálisis aportó diversas prácticas de trabajo comunitario. August Aichhorn, por ejemplo, realizó una labor importante en dicha época en la configuración de centros de reeducación de delincuentes juveniles. Ana Freud creó junto a Dorothy Burlingham las guarderías Jackson, donde se ocupaban del cuidado de los niños menores de tres años de las obreras judías, labor que retomarían algunos años más tarde cuando el centro de atención psicoanalítico se trasladó de Viena a Londres.

Pero las labores psicoanalíticas comunitarias no trabajan orientadas hacia una labor de readaptación, como señalaría Jurgen Habermas. La intervención psicoanalítica tendría una intencionalidad que va hacia procesos críticos de la sociedad y al favorecimiento de procesos emancipadores.

Cabe aquí resaltar la anécdota del antropólogo quien, realizando un juego con niños de una tribu africana, colocó una canasta llena de frutas junto a un árbol y les dijo: “El primer niño que llegue al árbol y toque la canasta se ganará toda la fruta”. El antropólogo observó sorprendido que todos avanzaron juntos tomados de la mano, y juntos tocaron la canasta y compartieron la fruta. El occidental antropólogo sorprendido por la no emergencia de la competencia individualista, a la que seguramente estaba acostumbrado, consultó a los niños el por qué habían actuado de esa manera y todos juntos le respondieron a una voz: UBUNTU, que en el lenguaje de la tribu traduciría algo así como: “yo soy porque todos somos”.

Un psicoanálisis que opere con un sentido crítico social bien podría mostrarnos los efectos que nuestro individualismo y autonomía liberal generan en los sujetos con los que compartimos diversos espacios sociales, haciendo caso omiso, y desmintiendo el valor colectivo de la solidaridad y la cooperación.

En Argentina, tras la dictadura de los años 70, se censuraron las acciones colectivas, hecho que cercenó el desarrollo de muchas prácticas psicoanalíticas grupales tales como las que venían realizando Ulloa, Pichón Riviere, Goldenberg, por citar algunos. Esto generó un olvido o un memoricidio sobre las intervenciones colectivas psicoterapéuticas que por fortuna hoy se revalorizan gracias a que todo lo reprimido retorna.

La dictadura tuvo un impacto devastador en toda América Latina, influyendo y forjando no sólo subjetividades sino también instituciones. En Brasil, la psicología se consideraba una ciencia neutral, a histórica, apolítica y aséptica. Las áreas psis crecieron justamente en el período de la dictadura militar, estampando como militantes a profesionales interesados en las cuestiones sociales, y que evidentemente traían en sus construcciones la crítica y el análisis político y cultural. Se descalificaba al profesional que en su práctica tenía una mirada fuera de las prácticas e individualidades privadas, y se construía una distorsión.

De hecho, la experiencia psicoanalítica va mucho más allá del individuo, ya que estamos constituidos en y por las relaciones. El compromiso del psicoanálisis es igualmente con la salud social, y como crítica de la cultura. Siendo el psicoanalista, por designio y principio, libre e independiente para poner a disposición su escucha allí donde se encuentre, se sirve de su propio inconsciente para analizar a un individuo, o a un grupo de ellos y, del mismo modo, para expresarse sobre la política y la cultura.

Es en esta línea que las sociedades psicoanalíticas de Brasil han creado becas de acceso a la formación psicoanalítica para poblaciones negras, indígenas y refugiadas, la primera de las cuales fue la Sociedad Brasileña de Psicoanálisis de Río de Janeiro, seguida por la de Porto Alegre. Este proyecto valoriza las luchas que denunciaban la discriminación histórica de estas poblaciones que, debido al periodo de colonización portuguesa y al racismo estructural resultante de este sistema político social, excluía a la mayoría de la población del acceso a los bienes culturales. Fue sin duda el reconocimiento de que no podemos ser ajenos a la realidad social, política y cultural.

El terreno del psicoanálisis es mucho más amplio de lo que la práctica tradicional se empeña en afirmar y, en definitiva, no se limita a las consultas de pacientes.

 Wania Cidade , Presidenta de la Federación Psicoanalítica de América Latina (FEPAL)  Sociedad Brasileira de Psicoanalisis de Rio de Janeiro (SBPRJ)

Fernando Orduz,  Sociedad Colombiana de Psicoanalisis (SOCOLOPSI)

Isabel Mansione . Secretaria de Psicoanálisis y Comunidad (APdeBA)